El maltrato

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Respetos

lunes 5 de octubre de 2009

Trata de Mujeres en Costa Rica

Estudios realizados confirman la trata de mujeres en Costa Rica


En el marco de las actividades realizadas por el Consejo de Ministras de la Mujer de Centroamérica (COMMCA) y como parte del Plan Regional contra la Trata de Mujeres 2007-2009, este jueves se presentan dos estudios llevados a cabo en Costa Rica que confirman que nuestro país es lugar de destino, tránsito y origen de trata de mujeres.

Bajo la coordinación y dirección técnica de la Unidad contra la Trata de Personas de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), los estudios exploran el delito de la trata en Centroamérica y República Dominicana, su normativa y aplicación, la experiencia de las mujeres víctimas y la actuación de las instituciones.

En el caso de Costa Rica, las investigaciones “Estudio Regional sobre la Normativa en relación a la Trata de Personas en América Central y República Dominicana y su aplicación, Capítulo de Costa Rica”, y “La experiencia de las mujeres víctimas de trata en América Central y República Dominicana y la actuación de las instituciones, Capítulo de Costa Rica”, concluyen que las mujeres son víctimas de esclavitud para fines de explotación y servidumbre sexual, laboral y doméstica.

Realizados entre el 2007-2008, las investigaciones fueron apoyadas por el Sistema de Integración Centroamericana (SICA), por el Instituto Nacional de las Mujeres (INAMU) y financiadas con fondos de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).

“Lastimosamente Costa Rica está perfilado internacionalmente como un país sede de trata de personas, de ahí la urgente necesidad de articular acciones para evitar que más mujeres, niñas y mujeres adolescentes sigan siendo víctimas de trata”, destacó Jeannette Carrillo Madrigal, Presidenta Ejecutiva del INAMU.

Experiencia de las mujeres víctimas y la legislación

Sobre la experiencia de las mujeres víctimas de trata en Costa Rica, el estudio obtuvo el testimonio de once de ellas, de los cuales a continuación se presenta un extracto de una de las entrevistas:

“A mí todo me lo pusieron color de rosa, que iba a tener casa propia, mi carro, mi plata (…) que me iba a comprar un montón de cosas (…) cuando yo vi lo que eran realmente ellos, bueno, ya para qué. En México caí en un alcoholismo profundo (…) nos daban cocaína y en la noche pastillas para dormir, porque teníamos que estar relajadas. No nos dejaban salir, no podíamos hablar por teléfono, nada. ¿Sabe qué le dijeron a mi mamá? Que yo iba a llegar en una caja” (Mujer costarricense víctima de trata en 1992).

Una de las primeras hipótesis confirmadas es que Costa Rica es un país de destino y origen de trata de personas, en donde se puede considerar que el territorio está siendo utilizado por las redes internacionales de la trata como espacio para legalizar la condición migratoria de mujeres extranjeras víctimas, por ejemplo, mediante la utilización de la figura del matrimonio por poder o por medio de matrimonios falsos, y como puente para el traslado de estas víctimas a otros países y continentes donde van a ser explotadas.

Algunas de las conclusiones sobre la experiencia de las mujeres es que todavía no existe suficiente claridad sobre el concepto y su diferenciación con el tráfico de personas. Tampoco se cuenta con una legislación que contemple tanto la trata interna como la externa, ni existen registros institucionales de casos.

“El desconocimiento de las características específicas del delito de la Trata en el país, se evidencia en las debilidades institucionales relacionadas con el abordaje, lo que indefectiblemente afecta a las víctimas del delito”, explicó José Pires, Representante Regional para Centroamérica y México de la OIM.

Al respecto Carrillo Madrigal explicó que desde el INAMU se ha estado trabajando el tema de la prevención en poblaciones jóvenes de zonas urbano-marginales y rurales. También señaló que se han acercado a funcionarios y funcionarias que atienden a la población en riesgo.

Por su parte, la investigación sobre normativa y su aplicación realizada en Costa Rica se fundamentó en el estudio de doctrina nacional, el análisis de jurisprudencia y expedientes, y diecinueve entrevistas efectuadas a magistrados, jueces penales, fiscales, defensores públicos y privados, peritos, sicólogos, policías de migración, coordinadores de oficinas y programas de atención de víctimas.

De las principales conclusiones se puede mencionar que el delito de la Trata no está debidamente tipificado lo que impide una adecuada y eficaz persecución. En este sentido las normas procesales tampoco facilitan el rastreo de los criminales de la trata. Asimismo, se comprobó que muchas situaciones de trata no son identificadas como manifestaciones del fenómeno delictivo.

“En el campo de la investigación criminal es importante la investigación proactiva. Sobre todo en delitos vinculados al crimen organizado como lo es la trata de personas. Es importante mantener información y registros sobre actividades sospechosas, relacionar datos y pesquisas que proporcionen el material necesario para las investigaciones policiales. Y en Costa Rica se realiza una investigación reactiva, cuando ya el delito ocurrió”, añadió Pires de OIM.

domingo 15 de marzo de 2009

Latinoamérica: Persisten golpes y daños psicológicos contra las mujeres


Escrito por Alba Trejo (SEMlac/Rebelión)
Noviembre 25, 2008

25 de noviembre, Día Internacional para la Eliminación de Violencia contra las Mujeres:

Bofetadas, puñetazos, moretones, infecciones y sangrado vaginal, depresión y baja autoestima. Estos son los resultados de las agresiones físicas y psicológicas que marcan la vida de las mujeres latinoamericanas, quienes en pleno siglo XXI siguen siendo víctimas fatales de la violencia de género. Así, cientos de ellas pierden la vida en manos de hombres que, paradójicamente, fueron sus compañeros de hogar.


Cifras alarmantes revelan que en México, Colombia, Perú, Guatemala, Bolivia, Argentina, Venezuela, Dominicana, Uruguay y Chile, entre 50 y 70 por ciento de las mujeres son o han sido golpeadas y amenazadas más de una vez en su vida, por su esposo, compañero, novio o ex novio. Así lo indican datos de fuentes oficiales de esas naciones, recopilados por las corresponsales de SEMlac.



Entre esos países, México se ubica como una de las naciones donde cada minuto que transcurre suceden por lo menos tres actos de violencia contra las mujeres, y cada 18 segundos una de ellas es víctima de una golpiza.



El Instituto Nacional de Salud hospitalaria de México reveló que, en un sólo año, fueron atendidas más de 7.000 mujeres tras haber sufrido violencia física como empujones, golpes, heridas de armas de fuego o punzo cortantes.



Dramática situación también viven las venezolanas. Cada 10 minutos, las autoridades reciben una denuncia de una mujer golpeada por su esposo, en tanto que en Perú cada hora se reporta que 10 mujeres sufren violencia intrafamiliar, lo que significa que al final del día 240 peruanas son agredidas, corporal y sicológicamente.



Para tener idea de la dimensión del problema de violencia intrafamiliar en Perú: la atención y revisión a víctimas de violencia familiar en ese país constituye el 52 por ciento de los servicios prestados por el Instituto de Medicina Legal. En tanto, el Ministerio del Interior reportó que cada cuatro horas tres mujeres son víctimas de violencia sexual.



De escandalosa se podría calificar, también, la situación de Argentina. La Comisaría de la Mujer de esa nación sudamericana recibió en 2007, en un período de seis meses, más de 1.170 denuncias de abuso sexual, es decir, que, a diario, ocho mujeres padecieron ese acto brutal de violencia.



Al menos cinco millones de las siete millones de guatemaltecas sufren violencia doméstica, según estimaciones de grupos defensores de sus derechos. Tanto así que la Fiscalía de la Mujer del Ministerio Público de la nación centroamericana advierte que a ese lugar acuden al menos 15.000 mujeres al año a denunciar que sufren de violencia doméstica, una cifra que supera las denuncias del resto de naciones latinas, exceptuando México.



Las cifras del Instituto Nacional de la Mujer de Venezuela dan cuenta de que en ese país las maltratadas física y sicológicamente se encuentran entre los 20 y 44 años de edad, justamente en la etapa reproductiva de su vida.



En la ciudad de Buenos Aires, el Ministerio de Salud atendió en un año un promedio de 7.146 denuncias en la línea 911 Mujer. El 54 por ciento de las argentinas golpeadas son casadas.



De acuerdo con un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo, se estima que un 25 por ciento de argentinas son víctimas de violencia y que 50 por ciento experimentará algún tipo de agresión en alguna etapa de su vida.



Pero el silencio persiste ante esas agresiones. En Dominicana, por ejemplo, es la propia mujer quien, tras ser amenazada de muerte y maltratada, tiene que notificar al individuo y luego llevarlo consigo a la policía para que lo detenga. Eso las obliga a callar ante el temor de no tener respuesta y sí represalias.



En dicho país hay 14 fiscalías barriales en el Distrito Nacional, las cuales recibieron en los primeros siete meses del año alrededor de 5.595 denuncias por violencia de género.



De otra parte, hay naciones como México, donde todavía persiste el temor de buscar ayuda. Según diversas fuentes, 84 por ciento de las mexicanas considera que la violencia es algo natural y un asunto privado que sólo compete a la pareja.



Algo similar ocurre en Guatemala, donde la cultura patriarcal enraizada impide la denuncia de este sector poblacional. Un ejemplo de ello es que apenas el uno por ciento de las guatemaltecas golpeadas en el hogar denuncia a las autoridades los abusos sufridos.



La situación no es tan fácil tampoco para las bolivianas, pues, según el Defensor del Pueblo, siete de cada 10 vive algún tipo de violencia familiar: sexual, psicológica o económica en su vida.



En Medellín, Colombia, el Centro de Atención Integral a Víctimas de Violencia Sexual (CAVAS) contabilizó durante el primer semestre de 2007, abuso sexual y actos sexuales abusivos contra 201 mujeres y 388 niñas, y registró 2.219 casos de violencia intrafamiliar.



Según la Encuesta de Demografía y Salud 2005, de ese país, el seis por ciento de las mujeres reportaron haber sido forzadas a tener relaciones sexuales, y el 47 de éstas dijeron que fueron violadas antes de los 15 años de edad. El sondeo no incluyó los abusos sexuales provenientes del esposo o compañero.



Con esos datos, la investigación confirmó que la mitad de las colombianas que han sufrido este crimen son adolescentes.



El estudio evidenció, además, que, de cada 100 mujeres ultrajadas, 76 lo fueron por personas conocidas como amigos (22 por ciento), parientes (18), exmaridos (15), novios (ocho), y empleadores (tres). El padre fue reportado violador en el tres por ciento de las encuestadas y el padrastro en el cinco.



El robo y la violencia intrafamiliar compiten en Uruguay. En este país, que dos años atrás mantenía un promedio de 3.293 denuncias por violencia al año, hoy en seis meses elevó esa cifra a 5.829.



Agregado a los golpes y al daño sicológico, las latinas padecen además lo que se conoce como la forma más extrema de la violencia de género, que es la muerte. Para ellas, el derecho a la vida también es vulnerado en la calle, a tal punto que sus cuerpos son violados y posteriormente torturados y desmembrados, como ocurre en Guatemala.



En siete años, los feminicidios ya suman 3.500. Cientos de esas víctimas habían denunciado violencia intrafamiliar. Guatemala es un país donde 37.000 mujeres denuncian al año ser objeto de maltrato intrafamiliar, pero ante la ausencia de medidas cautelares pese a tener un historial de golpes, muchas mueren a mano de sus maridos.



En lo que va de 2008, por ejemplo, ya se verificaron 580 de estos crímenes y 161 de estas muertes fueron provocadas por los propios esposos, una cifra elevada si se tiene en cuenta que el número de habitantes en este país no supera los 14 millones.



México no es la excepción en este tema. Allí 20 de cada 100 asesinatos ocurren dentro del ámbito familiar, 10 de ellos son de cónyuges que le quitan la vida a la esposa tras un historial de violencia intrafamiliar.



El Comité de América Latina y El Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer resalta que durante los seis años de gobierno del ex presidente Vicente Fox se cometieron más de 6.000 asesinatos de mujeres en ese país de 104 millones de habitantes



CAVAS, por otro lado, informó que solo en agosto de 2007 se registraron en Medellín, Colombia, 35 feminicidios, de los cuales nueve correspondieron a colombianas que habían interpuesto denuncias por violencia intrafamiliar.



En Venezuela suman 183 las asesinadas en lo que va del año, lo que equivale a una muerte cada dos días, de acuerdo con datos proporcionados por el Instituto Nacional de la Mujer.



En Cuba, el 52 por ciento de estos homicidios suceden en el hogar de la víctima. Un estudio realizado en Ciudad de la Habana muestra que de 468 casos de asesinato reportados, 136 fueron cometidos contra mujeres, es decir 28,8 por ciento del total.



En aproximaciones recientes, citadas por la socióloga cubana Clotilde Proveyer, se demostró que en el delito de homicidio, de las mujeres que mueren a manos de hombres, 50 por ciento se trata de sus maridos.



Argentina no escapa a los feminicidios. En los 10 meses transcurridos de 2008, suman 132 los decesos a causa de la violencia de género, lo que implica una muerte cada 38 horas.



De estas mujeres asesinadas, 22 eran niñas o adolescentes y muchas de ellas fueron violadas. La inmensa mayoría de los asesinos eran sus maridos o ex maridos, su compañero o ex compañero, su novio o ex novio. De estos casos, 33 victimarios se suicidaron después del homicidio.



Las dominicanas también han sido alcanzadas por la forma más extrema de violencia contra la mujer. En esa nación de ocho millones y medio de habitantes, es asesinada una mujer cada dos días, y hasta la fecha 160 de ellas han muerto víctimas de sus cónyuges.



El Procurador General de Dominicana, Radhamés Jiménez Peña, declaró que el 40 por ciento de los hombres implicados en los femicidios están sujetos a medidas de coerción y el otro 10 por ciento ya ha sido condenado.

En pleno siglo XXI, la mujer sigue sufriendo 'la cara grosera de nuestra sociedad'.

A más educación más oportunidad




AP.-MEXICO.- Aunque se han registrado avances en las últimas décadas, las mujeres en Latinoamérica padecen desigualdades en sus relaciones económicas, políticas y de pareja que son impropias del siglo XXI, señaló una representante de la CEPAL.

Rebeca Grynspan, directora de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), para México y Centroamérica, refirió que la violencia contra las mujeres "sigue siendo la cara grosera de nuestras sociedades".

Explicó que hasta 2003, una de cada tres mujeres en la región había sido agredida por su pareja, mientras que en México al menos 48% había sufrido algún tipo de violencia.

En vísperas del Día Internacional de la Mujer, dijo que en 17 países de Latinoamérica la pobreza es mayor en las mujeres que en los hombres; el acceso al mercado de trabajo es apenas la mitad de la participación de los hombres y las brechas salariales aún son muy grandes, en especial cuando el nivel educativo es mayor.

"A mayores niveles de educación se dan mayores brechas salariales en nuestra región", señaló Grynspan.

En términos políticos, dijo, existen "importantes desigualdades" y refirió como ejemplo que sólo en tres países (Cuba, Costa Rica y Argentina) los parlamentos cuentan con una tercera parte de representación femenina. En México apenas llega a un 20%.

Cifras de CEPAL señalan que la representación de las mujeres en los órganos legislativos de 31 países de la región pasó de 10% en promedio en 1990 a 15,5% en 2003. Grynspan participó en un seminario sobre la situación de las mujeres en el país a 30 años de la primera conferencia mundial de la mujer, realizada en México en 1975.

"A 30 años de haber celebrado la reunión en México en 1975... hemos avanzado mucho pero tenemos que enfrentar como sociedad las persistencias de desigualdades que ya no son propias del siglo XXI si efectivamente queremos construir sociedades no sólo mejores para las mujeres sino para las nuevas generaciones", dijo.

"Estamos acostumbrados estructuralmente a un continente muy inequitativo", consideró, aunque afirmó que la desigualdad puede combatirse a través de políticas públicas y de las leyes.

domingo 8 de marzo de 2009

FEMICIDIO…LA PENA CAPITAL POR SER MUJER


Ana Leticia Aguilar[1]

“…María Isabel era una adolescente de quince años, alta, delgada, tez blanca y pelo largo castaño. Acababa de terminar el tercer grado de educación básica…era una niña alegre, divertida y amigable…le gustaba oír música, cantar y bailar… La mamá recuerda: “no puedo olvidar cómo le desfiguraron sus ojos, le quebraron una pierna y le hirieron la cabeza…la pierna izquierda cortada con machete, el cerebro herido con una piocha, las manos y los pies amarrados con alambre de púas…”♀1

La violencia contra las mujeres siempre ha existido en Guatemala. Aunque las investigaciones sean escasas, los datos poco fidedignos y contemos con evidencia empírica limitada, sí existen cifras que lo confirman. Más contundente que las cifras no obstante, es la memoria colectiva, la historia oral de las mujeres que da cuenta de la existencia de violencia en contra nuestra: física, cultural, psicológica, sexual, patrimonial y en su manifestación más exacerbada, femicidio. En el afán de romper el silencio y detener este lastre, algunas valientes mujeres -pocas todavía- se han atrevido a denunciarla, a apoyar de diversa manera a quienes han sido y son afectadas por ella, a recolectar datos, registrar información, influenciar al Estado y a otros sectores sociales sobre la importancia de enfrentar la violencia sexista. Esta realidad existe aunque no la nombremos.

En los últimos años se observa en Guatemala un incremento de muertes violentas de mujeres y con ello, del interés de algunos grupos sociales por comprender el problema y generar aportes para su solución. Sin embargo, ello no siempre fue así. Durante muchos años, el problema de la violencia contra las mujeres fue parte de la agenda de un reducido grupo de organizaciones del movimiento feminista y de mujeres, no de todo el movimiento. Durante largo tiempo, esa fue la respuesta que se ofreció a este problema. En efecto, los antecedentes de mujeres organizadas dedicadas a ese fin datan más o menos de los últimos 13 años, cuando surgió la Red de la No Violencia contra las Mujeres.

En el proceso de desarrollo de su trabajo, las mujeres que integran la Red empezaron paulatinamente a abordar las cuestiones teóricas del problema, para tratar de entender cuáles eran, desde la teoría feminista, las explicaciones de las causas, relaciones y lógicas socio culturales que daban lugar a la violencia específica contra las mujeres, por su condición de género.

A partir de entonces surgieron algunas nociones sobre “femicidio”. Sabían que era un fenómeno relacionado con la violencia sexista. Intuían que exista un hilo conductor entre todas las formas de violencia contra las mujeres. El acoso, el abuso continuo, la violencia sobre la cual se nos ha socializado a las mujeres y hombres en la sociedad, son todos eslabones de la misma cadena, que en su extremo más perverso está atada a los cadáveres de las mujeres ejecutadas. Pero otro elemento saltaba a la mente de estas mujeres comprometidas con la defensa de los derechos de las humanas: las ejecuciones estaban inmersas en la historia del país, el femicidio posiblemente había existido entonces desde siempre en Guatemala, sería tan viejo como el patriarcado. Pero estas ideas solamente constituían aproximaciones al tema para un reducido sector organizado de mujeres.

Ellas encontraron una enorme soledad en este empeño. Otros grupos sociales, desde el Estado y la sociedad organizada, se negaron de manera implícita o explícita, pero siempre recurrente, a reconocer que la violencia contra las mujeres es una violación a los derechos humanos. El tema de la violencia contra las mujeres, como expresión de relaciones de poder opresivas entre los sexos, provocó y provoca resistencias y defensas, incluso entre los más comprometidos con la defensa de los derechos humanos y con otras reivindicaciones sociales, derivadas de jerarquías de clase o étnicas, por no citar sino algunas.

Junto al aumento dramático en las cifras de mujeres ejecutadas se dio una fuerte presión y denuncia por la Red que, en el contexto de la campaña internacional Por la Vida de las Mujeres Ni una Muerte Más, lograron que otros grupos, aunque tardíamente, se involucraran y que los medios de comunicación, particularmente las mujeres que trabajan en los medios, empezaran a visibilizar que los cadáveres encontrados correspondían a mujeres ejecutadas.

La generación de consensos, el debate, la coordinación y la interlocución entre los diferentes grupos, aunque todavía incipiente, principia a tomar curso. Es positivo que otros actores y organizaciones y por fin el Estado, hayan empezado a generar acciones en la dirección de comprender y enfrentar el problema y que se sumen cada vez más al trabajo por la defensa de los derechos de las humanas. Lamentablemente Guatemala no es una excepción. El femicidio es un fenómeno generalizado a nivel mundial y las sociedades de los diferentes países están empezando a darse cuenta que es preciso detenerlo.

NACER MUJERES: UN RIESGO ANUNCIADO

El concepto de femicidio es de conocimiento y uso reciente en América Latina; existe además poco debate al respecto. Quienes al parecer lo utilizaron de manera sistemática por primera vez fueron Diana Russell y Hill Radford en su libro: Femicide: The Politics of Woman Killing. Ellas plantearon que el femicidio es el asesinato de mujeres por el hecho de serlo; es decir, por su condición de género. Está vinculado a las relaciones de inequidad y exclusión que vivimos las mujeres en la sociedad y se manifiesta en el contexto de la violencia sexista contra nosotras. No es un asunto privado, sino un fenómeno histórico, de orden social, que ocurre para perpetuar el poder masculino en las sociedades patriarcales.

Ya sea por las causas o móviles de las ejecuciones, por la relación de las mujeres asesinadas con el perpetrador, o por las manifestaciones de brutalidad de los asesinatos, el femicidio en todos los casos está vinculado a la violencia sexual contra las mujeres. Es la forma de violencia más extrema contra nosotras.

Una serie de investigaciones sobre el femicidio y su recurrencia en algunos países latinoamericanos, dan cuenta de la aparente existencia de… “un sustrato permanente de violencia de género en la sociedad que mantiene un nivel relativamente constante de femicidios, que no depende de las situaciones coyunturales, las trasformaciones sociales u otras razones que alimentan la violencia social”, como señalan Carcedo y Sagot. Esto estaría indicando que existe la necesidad de analizar y enfrentar el problema de manera específica y diferenciada a como se enfrentan otros homicidios o formas de violencia social: “En el momento en que cualquiera de estas formas de violencia resulta en la muerte de la mujer, ésta se convierte en femicidio. El femicidio es, por lo tanto, la manifestación más extrema de este continuum de violencia. Desde esa perspectiva, la violencia de género es un elemento central que ayuda a comprender la condición social de las mujeres. La presencia o amenaza real de violencia cotidiana y de femicidio ilustran cómo la opresión y la desigualdad colocan a las mujeres en una posición terriblemente vulnerable. La violencia contra las mujeres es de hecho la piedra angular de la dominación de género”. “Femicidio en Costa Rica: balance mortal” en: Revista Medicina Legal en Costa Rica. Vol 19 No. 1. Heredia Marzo 2002, Ana Carcedo y Montserrat Sagot.

Estas investigaciones coinciden en considerar que los femicidios son un tipo particular de muertes violentas intencionales, que requieren ser enfrentadas tomando en cuenta su especificidad en términos de las circunstancias en las que ocurren, las particularidades de los perpetradores y sus víctimas, y de las relaciones que los unen.♀2

En Guatemala en particular, existe una tendencia dentro de algunos grupos a considerar que el femicidio ocurre de manera aislada, producto de…“fuerzas oscuras o paralelas que nos gobiernan”, vinculadas al narcotráfico, las maras y otras expresiones del crimen organizado. Es decir, separan el femicidio de su verdadero sustrato de origen: la violencia sexista contra las mujeres y lo atribuyen a la violencia generalizada que vive el país. Estos elementos contribuyen a considerar estos asesinatos como “normales” o menos serios que otros.

Si bien no es nuestro interés afirmar que ocurren más muertes de mujeres que de hombres en Guatemala, ni que otras formas de violencia y asesinatos contra hombres y niños no tengan importancia o sean menos relevantes, sí es importante aclarar que el femicidio tiene una direccionalidad asociada a relaciones de poder opresivas entre hombres y mujeres y que existe una prevalencia y riesgo mayor para mujeres que están inmersas en relaciones violentas o que quieren salir de ese tipo de relaciones con compañeros violentos.

Existen otras condicionantes asociadas a la violencia y a sus manifestaciones que viven las mujeres, tales como las condiciones de pobreza, la exclusión social generalizada, las preferencias sexuales u otros tipos de conducta que socialmente riñen con las normas de comportamiento reconocidas y de adscripción al rol más tradicional. Pero en todos los casos, la causa fundamental está asociada a la condición subordinada de género de las mujeres en el sistema patriarcal, aunque las diferentes estructuras de poder actúan de manera interactiva y no sean excluyentes entre sí.

Otra tendencia que ha surgido es la que plantea que el femicidio es una herencia del conflicto armado interno que vivió el país. El ensañamiento con el que han sido ejecutadas algunas de las mujeres recuerda los crímenes cometidos durante aquel triste período. Ahora bien, el femicidio es un hecho histórico que no ocurre de manera aislada. Las manifestaciones con que son ejecutadas las mujeres pueden variar en dependencia directa con el contexto socio cultural de la realidad social de que se trate. El control y el castigo a las mujeres toma formas específicas en cada período de desarrollo, porque en cada uno de ellos la rebeldía de estas ha cuestionado e interpelado los roles tradicionales para los cuales hemos sido socializadas y que también se manifiestan en relación directa con las formas organizativas que las sociedades han dispuesto para su propia reproducción.

Durante el conflicto armado hubo ejecuciones de mujeres, “femicidio no íntimo” como dicen algunas autoras. Ello porque las mujeres estuvieron inmersas en el conflicto directamente, como combatientes, militantes de oposición al régimen contrainsurgente, protagonistas de poblaciones en resistencia, líderes del desplazamiento interno y externo, viudas, esposas, madres o parientes de los combatientes. La violación de mujeres y las formas de tortura con connotaciones sexuales, eran parte de la estrategia contrainsurgente y contribuían de manera directa a quebrantar la moral de la gente, a la derrota ideológica de la guerra. Así es y así ha sido en todas las guerras que conocemos, según estudios de historiadoras feministas, que incluso han hablado de los cuerpos de las mujeres como “botines de guerra” y otros “territorios por conquistar”. La violencia contra las mujeres está presente en las raíces del mestizaje de todos los pueblos invadidos y colonizados. Durante ese período seguramente hubo miles de mujeres ejecutadas, cuyos datos nunca conoceremos, pero que no por eso dejan de existir.

El femicidio que ocurrió durante el conflicto armado interno adquirió formas y representaciones particulares a ese contexto contrainsurgente. Pero el que haya existido entonces no quiere decir que ese sea su punto de origen y que el que estamos testificando ahora sea la herencia de aquél. Sí guarda una estrecha relación con este y con los que pudieron darse durante el período de la invasión y la colonia. Pero esa relación está basada en el hecho de que las muertas fueron y son mujeres, ejecutadas por el hecho de serlo.

Asumir la situación de otra manera, es contribuir a la confusión y a la pulverización de la direccionalidad de la violencia contra las mujeres y del femicidio, del perpetrador y de las relaciones socio culturales que dan cuenta del fenómeno. Es despojarlo de su contenido político intrínseco: el femicidio es el último peldaño de un continuum de diferentes manifestaciones de violencia contra las mujeres, tanto en lo público como en lo privado.♀3 El concepto de femicidio ayuda a comprender el carácter absolutamente político y social del problema: sólo es posible porque socialmente existen dispositivos y lógicas culturales que han institucionalizado y reproducen relaciones de poder opresivas entre los sexos.

El concepto de femicidio surge también en contraposición al término “homicidio” que corresponde al “género neutral”. Permitió igualmente superar el discurso legalista que… “está basado en definiciones estrechas y discretas de lo sexual y lo violento, que pueden distorsionar y negar la realidad de las mujeres”. ♀4

Existe sin embargo, un debate que enfrenta como distintos, los conceptos “femicidio” y “feminicidio”. El mismo aduce que el primero es un anglicismo que deviene de “femicide”, que refiere a los asesinatos por odio a mujeres realizados por hombres, mientras que el concepto de “feminicidio” amplía al primero…“porque sólo existe feminicidio cuando hay impunidad”.

Es Marcela Lagarde quien ha introducido este aparente debate sobre el concepto “femicidio”, planteando que ha acuñado el concepto de “feminicidio”…”para diferenciar los términos de sólo homicidio de mujeres a este conjunto de crímenes con impunidad…”♀5 Sin embargo, ya Radford y Russell plantearon en su momento el concepto de “femicidio” como opuesto y distinto al concepto de homicidio, argumentando sí en este caso, aspectos de orden legal, relacionados a la impunidad en la impartición de justicia, cuando de las mujeres se trata. En todo caso, la discusión es insuficiente. Falta asumir lo que es más importante: que en la medida en que existan mejores condiciones para conocer-comprender las causas, relaciones y lógicas socio-culturales que dan lugar al fenómeno del femicidio, se está en mejores condiciones para definir las estrategias necesarias destinadas a enfrentar y detener el problema.

Según Radford y Rusell (Op. Cit) y de acuerdo a las investigaciones realizadas por muy diversas autoras, se ha encontrado hasta ahora que el femicidio puede tomar dos formas: femicidio íntimo y femicidio no íntimo. El primero está asociado a los asesinatos cometidos por hombres con quienes las ejecutadas tenían una relación familiar, de convivencia o ambas. El no íntimo ocurriría en los casos en que no existieron tales relaciones íntimas con los perpetradores, aunque frecuentemente se ha observado que este tipo de femicidio involucra un ataque sexual previo. “Otras estadísticas indican que a nivel mundial, el femicidio es la sexta causa de muerte de mujeres entre 15 y 49 años. Más de mil mujeres mueren anualmente a manos de sus parejas y se calcula que ascienden a 3 millones, las mujeres que sufren abusos físicos por parte de sus maridos o novios cada año. En España, los cálculos oficiales no varían cada año, se cuentan entre 50 y 70 las mujeres muertas a causa de la violencia doméstica. En Colombia, como consecuencia del conflicto armado, cada dos días muere una mujer. En Costa Rica, en los últimos dos años, más de 30 mujeres fueron asesinadas. En Paraguay, una mujer es asesinada cada 10 días. En Estados Unidos, en 1992, se contaron 5 mil 373 casos de femicidio, la mitad fueron perpetrados por esposos u hombres con quienes las víctimas habían mantenido relaciones. En Puerto Rico, la Coordinadora Paz para la Mujer, informó que en el período de 1990 a noviembre de 2002, el número de casos de femicidio fue de 287. Estos datos fueron suministrados por la Policía de Puerto Rico. En 2000, la cifra fue de 14 muertes”. (www.isis.cl.temas/vi/informe.htm)

Existe además un femicidio por conexión, que es una tercera categoría de delito, el cual hace referencia a mujeres asesinadas en la línea de fuego de un hombre que trataba de matar a otra mujer, tales como parientes, niñas o mujeres que intervinieron para evitar el asesinato.

El femicidio tiene un significado político contundente para las mujeres: paraliza la oposición a las normas sexistas y puede ocurrir por la sola percepción de que esas normas son recusadas. Tiene la función final de controlar, disciplinar y castigar desde el momento en que ocurre la ejecución de una mujer, hasta el tratamiento posterior por los medios de comunicación y los organismos encargados de la impartición de justicia.

El femicidio juega un papel resignificante de las relaciones de opresión y subordinación de las mujeres. Especialmente por la vía de la culpabilización y de la aplicación de la “pena capital” ante la infracción de la norma, solidifica el miedo y reactiva los dispositivos que en los imaginarios sociales están plagados de la mitología que asedia a las mujeres y su papel en la sociedad. Dan lugar así mismo, a la continuidad de la opresión y la discriminación de las mujeres. El mensaje del mito es: Mujeres “pásense la línea y les puede costar la vida". Hombres "ustedes pueden matarlas porque les pertenecen y están obligados a disciplinarlas”.

El femicidio tiene un impacto en la reproducción de la sociedad en su conjunto y es un problema de seguridad ciudadana. En el Diagnóstico Situacional de las Muertes Violentas en Guatemala, se indica que ”…eventos como la muerte violenta de una persona integrante del núcleo familiar alteran de manera definitiva, el modo en que la familia resuelve sus intercambios con el exterior y la dinámica de distribución de los roles y el trabajo a lo interno del hogar…si una familia se ve disminuida en sus posibilidades de solucionar sus formas y dinámicas de reproducción, ello tiene consecuencias definitivas en las relaciones, dinámicas y toles que a nivel de la sociedad en su conjunto se han diseñado a su vez para la reproducción de la misma”. ♀5

Es necesario, para la búsqueda de soluciones, establecer con mayor claridad las causas, relaciones y lógicas que dan lugar al femicidio. Hasta ahora, los diagnósticos y las investigaciones realizadas no logran arrojar todavía, suficientes hallazgos que permitan esclarecer cómo están operando estos aspectos en los sucesos cotidianos.

SER MUJER Y VIVIR EN GUATEMALA: UNA COMBINACIÓN MORTAL

El problema de las muertes violentas de mujeres ha sobrepasado las posibilidades y capacidades de la intervención estatal. Los datos oficiales son escasos, contradictorios, no fidedignos e incoherentes. Aún así, las autoridades manejan la cifra oficial de 1, 188 mujeres muertas, entre 2001 y agosto de 2004. Sobre las cifras del 2005 solamente la Policía Nacional Civil cuenta con una base de datos. Solamente en junio de este año se presume que fueron 30 las mujeres ejecutadas.

En este contexto, la primera dificultad que enfrenta cualquiera que espera conocer con mayor claridad las manifestaciones del femicidio en Guatemala, es que no hay datos confiables. El silencio que históricamente ha rodeado el problema de la violencia contra las mujeres encuentra ahora, con el femicidio, una válvula de salida. Es imposible seguir callando o dando la espalda a este hecho que nos estalla en la cara temprano todos los días, cuando abrimos los periódicos y encontramos la noticia de más mujeres ejecutadas.

Pero los dispositivos silenciadores que han operado hasta ahora para acallar y contener la realidad sobre la violencia sexista, tienen en las deficiencias y los vacíos en los sistemas de acopio, registro y estadística, a uno de sus mejores aliados.

El dato se construye de manera arbitraria y no existen procedimientos comunes para hacerlo, a nivel institucional. Muchas veces, las fuentes por excelencia para construir el dato son los medios de comunicación, quienes a su vez tienen como fuentes por excelencia a vecinos/as, bomberos y policías que acuden a verificar los hechos.

Los imaginarios de estas personas están plagados de connotaciones de minusvalía respecto de las mujeres y generalmente las culpabilizan y acusan de provocar la violencia y la ejecución, por su mal comportamiento. Las preguntas y las respuestas están inmersas en el marco de esas representaciones del fenómeno. Resultado: el dato no es fidedigno.

En esta cadena de actores y de acciones que intervienen en la construcción del dato se van mezclando y confundiendo las cosas.

· Las causas comienzan a ser identificadas como móviles de los crímenes y viceversa, obstaculizando cualquier posibilidad de identificar la relación de las mujeres ejecutadas con los perpetradores. Así, resulta más fácil no responsabilizar a nadie en particular y aducir que los victimarios son hombres de las maras o miembros del crimen organizado.

· Los sospechosos se diluyen alternativamente en diversas formas de intervención; es decir, unas veces como ejecutores, otras como co ejecutores y algunas más como autores intelectuales. Esto tampoco permite conocer el perfil criminológico del perpetrador, ni la relación de la mujer ejecutada con el mismo.

· Los sospechosos son generalmente asumidos como “mareros” o integrantes del crimen organizado, disminuyendo así la importancia del homicidio, o abandono en el hecho que las mujeres fueron asesinadas porque eran integrantes de maras y de redes de narcotráfico o trata de personas, aunque se parta solamente de meras presunciones.

· Se observa una tendencia a minimizar los casos (elevados por sí) en que los perpetradores tenían una relación de convivencia, amorosa o sentimental con la mujer ejecutada.

· Se tiende de entrada, a considerar que los responsables están enfermos, son drogadictos o psicópatas y por eso actúan de esa manera. De nuevo la direccionalidad del problema se diluye entre otras causas intervinientes, pero no determinantes.

· Se recurre a explicaciones míticas de los sucesos violentos: son castigos divinos por mala conducta o quienes ejecutan el hecho violento tienen pactos con el demonio (la mitología “satánica”) y de nuevo entonces, la responsabilidad del perpetrador se diluye o se traslada a entidades divinas o encantadas.

Ante este estado de indisponibilidad de datos, resulta una buena alternativa recurrir a algunos estudios que, como intentos de aproximación, arrojan ciertos datos que ayudan a entender las características del femicidio en Guatemala. En ese contexto, el Diagnóstico realizado por el Grupo Guatemalteco de Mujeres,♀6 al que aludimos antes, a pesar de haber sido realizado con una muestra limitada aporta evidencias interesantes.

  • De octubre del 2003 a mayo del 2004 habían sido ejecutadas un promedio de 10 mujeres al mes.
  • Las regiones que presentaban, durante el mismo período, los niveles más altos de ejecuciones, eran la ciudad capital y los municipios del departamento de Guatemala, aunque este comportamiento ha cambiado aparentemente actualmente. Sin embargo, en la mayor parte de ejecuciones, no se reportaba el lugar donde había sido encontrado el cadáver. Además, en la mayoría de los casos no se conocía el escenario de la ejecución, sólo eventualmente, el lugar donde habían sido encontrados los cadáveres.
  • La mayoría de las ejecuciones habían sido realizadas durante horas de la noche, pero la cifra se comparte en un porcentaje de 50% a 50%, con el número de casos en los que se desconocía el horario de la ejecución.
  • Las edades de las mujeres ejecutadas se encuentran entre los rangos de 13 a 53 años; sin embargo, la inmensa mayoría se situaba entre 13 y 22 años de edad: niñas, adolescentes y jóvenes en edad reproductiva.
  • Existe un número significativo de casos en los que no puede establecerse la nacionalidad de las ejecutadas. Esto puede estar asociado a que las mujeres en muchos casos están indocumentadas o no portan documentos por razones de inmigración. Podría presumirse que algunas de ellas estén vinculadas a redes de trata de personas.
  • El mayor número de lesiones fue provocado por armas de fuego, aunque también existen casos en los que se ha utilizado arma blanca, asfixia y politraumatismos para provocarles la muerte. En muchos casos, debido a la intervención tardía de las autoridades, no es posible conocer la causa básica de las muertes, pues los cuerpos son encontrados en avanzado estado de descomposición.
  • No pudo establecerse si la investigación forense hizo las acciones correspondientes en todos los casos, o si se había operado de manera discrecional y sobre la base de deducciones.
  • En la mayoría de los casos no se conoció la ocupación de las mujeres ejecutadas. Sin embargo, en el 45% de ellos, se trataba de amas de casa.
  • En la mayoría de situaciones no se tenían datos sobre los sospechosos, pero vale mencionar que en la mitad de las ejecuciones, cuando sí existía este dato, los sospechosos eran conocidos de las mujeres ejecutadas y habían tenido una relación amorosa o sentimental con ellos.

Al revisar algunos otros estudios♀7, las historias de vida de familiares de las mujeres ejecutadas, las bases de datos existentes y disponibles y los informes de las Relatoras Especiales que vinieron al país en el 2004, se puede concluir en que el conjunto de instituciones y organismos públicos y autónomos del Estado, no cuentan con políticas ni recursos especiales para la atención de la violencia contra las mujeres en general, y mucho menos para enfrentar y detener sus ejecuciones.

La ausencia de registros específicos y datos confiables es, en coincidencia con lo apuntado arriba, uno de los principales obstáculos identificados por las diversas organizaciones:… “El riesgo que se corre al no tener un mecanismo único de registro y de sistematización de la información es la duplicidad en el conteo de los casos, especialmente porque la información no es observada como parte de un proceso de atención en donde los mecanismos de seguimiento deberían de estar claramente detallados como en una cadena de pasos”.♀8

La fase de investigación criminológica está plagada de deficiencias y vicios institucionales, asociados con los procedimientos que utilizan normalmente para cualquier tipo de homicidio. No existen criterios comunes entre las diferentes instancias que intervienen en la investigación criminal para recabar, organizar, cuidar y decidir sobre el uso de los hallazgos encontrados. Los datos no son confiables, están duplicados, las cifras varían de acuerdo a las instituciones y no existen criterios comunes.

En las prácticas cotidianas del personal encargado se observan actitudes que revelan las lógicas e imaginarios subyacentes a los que aludíamos antes, sobre lo que significa ser mujeres y hombres en la sociedad y la legitimación de los actos violentos como formas de solucionar conflictos, disciplinar y castigar a las mujeres.

En el proceso de llevar a cabo el circuito de acciones propias de un modelo de investigación criminal, el orden lógico de los roles institucionales se va desfigurando, así como los límites entre una y otra institución. De tal cuenta que los actores involucrados (poco capacitados y menos sensibilizados sobre este tipo específico de homicidios) resultan ejecutando una serie de “pasos” comunes y permanentes en cualquier tipo de homicidio. La información es recabada de manera fragmentada y dispersa y además, en la construcción del dato no existen protocolos homogéneos, por lo que siempre parece hacer falta más información.

ALGUNAS POSIBILIDADES DE DISMINUIR EL RIESGO

El telón de fondo de todas las acciones desde el Estado debería ser el impulso de valores que potencien el papel de la mujer en la sociedad, desde una visión equitativa y protagónica. La promoción de estos valores debería hacerse a todo nivel y ser la base de cualquier acción formativa del personal en el Estado.

Mientras lo anterior no ocurra y los imaginarios sociales sobre el papel de mujeres y hombres en la sociedad sigan basados en visiones de minusvalía, cosificación, apropiación y uso de las primeras, no será posible institucionalizar a nivel de la sociedad, acciones permanentes para avanzar en la equidad de género y detener la violencia contra las mujeres y su expresión más exacerbada: el femicidio.

La definición, revisión y/o ampliación y cumplimiento de marcos jurídico administrativos ya existentes, la asignación de recursos, el fortalecimiento de las instituciones, la formación, sensibilización y capacitación de los/as responsables de prestar servicios, son elementos de primer orden en la atención que todos los organismos públicos y autónomos del Estado deben brindar a esta problemática.

Otros elementos de primer orden están asociados a la necesidad impostergable de que el personal estatal relacionado con la aplicación de justicia sea formado y sensibilizado sobre la especificidad de género que subyace en el tema de la violencia contra las mujeres, particularmente en el femicidio y sobre los instrumentos nacionales e internacionales que conforman el marco jurídico administrativo que protege, promueve y respalda los derechos humanos de las mujeres.

El Estado debería promover y apoyar las investigaciones, diagnósticos, encuestas y estudios en general, que contribuyan a conocer más y mejor el comportamiento del problema en cada región del país y en cada grupo socio cultural. Documentar los casos es el primer paso para poder diseñar intervenciones más efectivas y a largo plazo.

Como acciones más específicas destacan tres: la investigación criminal el registro y la estadística y el resarcimiento a las familias de las mujeres ejecutadas y al colectivo femenino en su conjunto.

En el ámbito de la investigación criminológica:

  • Deberían formularse líneas de intervención homogéneas de cada una de las instituciones, para todas las etapas de la investigación criminológica, que potencien la coordinación interinstitucional.
  • Toda la investigación criminológica debería estar orientada por un análisis que parta y de cuenta de la especificidad de género, presente en la violencia contra las mujeres y el femicidio.
  • Debería ser creada y fortalecida una instancia especializada dentro de la Fiscalía de la Mujer del Ministerio Público para atender los casos de violencia sexista contra las mujeres, específicamente los casos de femicidio.
  • Los recursos asignados a la investigación forense deberían aumentar de manera significativa

En relación con el registro y la estadística:

  • El sistema nacional de estadística debería buscar los datos correspondientes a los casos de violencia contra las mujeres y femicidio, crear el sistema nacional de información sobre la situación, condición y posición de las mujeres en Guatemala, específicamente respecto al problema de la violencia contra ellas y el femicidio, estandarizar la información y jugar el papel rector y coordinador que le corresponde

El resarcimiento a las familias de las mujeres ejecutadas por su parte, debería ser un objetivo de primer orden. El acceso y la aplicación de justicia es uno de los primeros pasos para el resarcimiento. Las familias precisan de ser resarcidas en los ámbitos económicos, psicológicos, social y culturalmente. Programas públicos de seguridad y prevención, forman parte del resarcimiento colectivo. La promoción de campañas de sensibilización sobre el problema y los que apunten a la dignificación de las mujeres ejecutadas también lo son.

Las acciones más importantes que se pueden identificar para enfrentar el problema y aproximarnos a su solución, están asociadas con dos niveles de intervención. Uno de ellos está referido a la institucionalidad del Estado y el otro a los espacios de construcción y fortalecimiento de nuestra ciudadanía plena. Al primero nos referimos a lo largo de este artículo. El segundo, nos corresponde encararlo en el movimiento feminista y de mujeres.

Lo que sí es cierto es que en Guatemala las mujeres no estamos seguras, ni en la casa, ni en la cama, ni en la calle. Nos urge alguna señal que disminuya el terror que nos provoca esta crónica de… nuestras ejecuciones anunciadas.

Guatemala, 14 de julio de 2005.



[1] Socióloga guatemalteca, Universidad de San Carlos de Guatemala. Tiene estudios de posgrado en Estudios de la Mujer en la Universidad de Costa Rica y en la de Panamá. Ha realizado varias investigaciones y estudios sobre el tema de Violencia contra la Mujer, para diversos organismos nacionales e internacionales y el movimiento de mujeres y feminista de la región.

♀1 Grupo Guatemalteco de Mujeres, entrevista a la madre de María Isabel Véliz Franco, el 10 de diciembre del 2004. Historia de Vida No. 1, Base de datos propiedad del Grupo.

♀2 Múltiples investigaciones realizadas en Costa Rica, Puerto Rico, EEUU, Paraguay, Brasil, México, Chile y República Dominicana, coinciden en estas apreciaciones.

♀3 Según los informes del REMHI y la CEH, de las 200,000 personas asesinadas o desaparecidas durante la guerra interna, la cuarta parte eran mujeres (www.amnesty.org/library/index/ENGAMR340172005). Una explicación más amplia a este respecto puede verse en: Kelly, Liz. Surviving Sexual Violence, Polity Press: England. 1998.

♀4 Ver: Radford, Jill y Diana E. Russell . Femicide. The Politics of Woman Killing. Twayne Publishers: New York. 1992.

♀5 Marcela Lagarde, Conferencia en el Congreso de la República de Guatemala. 20 de septiembre 2004.

♀5 Grupo Guatemalteco de Mujeres. Diagnóstico situacional de las muertes violentas de mujeres en Guatemala, preparado para el Programa Plurianual Democracia y Derechos Humanos de la UE. Febrero 2005. (fotocopiado).

♀6 Op. Cit.

♀7 Por ejemplo: Amnistía Internacional, Guatemala ni protección ni justicia: Homicidios de mujeres en Guatemala, presentado en Guatemala el 9 de junio de 2005 o Procuraduría de Derechos Humanos, Muertes violentas de mujeres durante el 2003-2004.

♀8 CONAPREVI. Diagnóstico nacional sobre la atención institucional a la problemática de violencia intrafamiliar y contra las mujeres. Guatemala. 2003.

En Chile Una vez a la Semana Muere una Mujer por Femicidio


Carol Crisosto Cadiz-2007

Desde el Diario de una mujer que pide justicia

Sernam entregó hoy la "vergonzosa y escándalosa" estadística de muertes por violencia contra la mujer.Que nos revela un femicidio semanal. Existen oficialmente 107.000 denuncias por violencia intrafamiliar, 88 por ciento de ellas por maltratos a mujeres, tanto físicos, sicológicos y sexuales. La Ministra Albornoz explicó que “esta es una cifra que nos avergüenza porque en un país que se tilda de "moderno", que tiene las ultimas tecnologías en celulares, en computadores, y que a la hora de los quiubo tiene cifras tan vergonzosas como estas.

Hay avances en otras materias, casi nula tasa de analfabetismo, casi nula tasa de mortalidad materno infantil, por ejemplo, cifras que no son concordantes con estas otras que nos hablan de las muertes de mujeres.


Alguien habrá reparado lo delicado del asunto, nuestra sociedad atenta e intimida a la mujer, existen ciudadanos y ciudadanas que van predicando que se nos está dando mucho, que tenemos más terreno donde ubicarnos. ¡Por favor¡ No es un derecho ganado es un derecho humano ser respetada y valorada .

La Ministra del Sernam, Laura Albornoz Pollmann, hizo un llamado de atención a los Fiscales del Ministerio Público pa raque ejecuten la facultad legal del cual disfrutan para proceder y enviar a las Casas de Acogida a las mujeres en peligro por violencia intrafamiliar, y a la sociedad en su conjunto para tocar ahora ya el tema y paralizar este flagelo.
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Seguida de la Subdirectora del Servicio, Carmen Andrade Lara, la Ministra indicó este domingo 25 de marzo que el Gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet está proporcionando respuesta urgente a los hechos de violencia contra la mujer con la instalación en todo el país de Casas de Acogida (14 funcionando de un total de 16), más 31 Centros de Atención ambulatorios a nivel nacional.

Dijo que en lo que va del año ya han fallecido 13 mujeres a manos de sus parejas (cónyuges o ex, convivientes, novios o pololos), y machacó que “la responsabilidad en definitiva debe ser de toda la sociedad” y que la convocatoria a la prensa “es para dar cuenta de una de las principales preocupaciones de la Presidenta Bachelet de hacernos cargo del tema de la violencia contra la mujer y que afecta a más del 50% de la población del país”.

La secretaria de Estado explicó que “esta es una cifra que nos avergüenza porque en un país que se tilda de "moderno", que tiene las ultimas tecnologías en celulares, en computadores, a la hora de los quiubo tiene cifras tan vergonzosas como estas. Hay avances en otras materias, casi nula tasa de analfabetismo, casi nula tasa de mortalidad materno infantil, por ejemplo, cifras que no son concordantes con estas otras que nos hablan de las muertes de mujeres”.

Insistió que "son los fiscales los que tienen que hacer uso de estas Casas de Acogida, utilizar las herramientas que les proporciona la ley, porque les recuerdo que no es Sernam el que deriva mujeres a estos refugios. Los únicos con facultades para derivar mujeres, por ley, son los fiscales del Ministerio Público"

La autoridad añadió que hay muchos ejemplos de violencia hacia las mujeres que están en caracter clandestinos pero no son declarados y cuyo origen tiene antigua data. “Estos provienen de la desigualdad hombre-mujer que se manifiesta en la brecha salarial, en las barreras de acceso al trabajo remunerado y en las dificultades que viven las mujeres embarazadas, entre otros”, señaló.



fwmicidioAlbornoz, nos recuerda el compromiso del Gobierno de Michelle Bachelet está dado con la instauración de una red social y la generación de políticas públicas a través del Sernam en coordinación con el Ministerio de Justicia a través del Ministerio Público, los Fiscales y los Tribunales de Familia, junto al perfeccionamiento de diversos proyectos que se tramitan en el Congreso Nacional.

Contó que las Casas de Acogida en el país están atendiendo en estos instantes a unas 15 mujeres en conflicto vital, con un promedio de 3 hijas o hijos, y recalcó que la capacidad de atención anual es para unas 900 mujeres.

En el año 2006, en los 31 centros ambulatorios se recibieron cerca de seis mil mujeres, recibiendo atención jurídica y sicológica.

Finiquitó diciendo que "por más Casas de Acogida que se construyan, por más presupuesto que se destine, por más leyes que se promulguen, si no hay un compromiso de toda la sociedad, las mujeres seguirán muriendo".

Fuente: SERNAM


EJEMPLOS DE VIOLENCIA RECIENTE

Hombre golpeó brutalmente y quemó las piernas a su pareja en Iquique
Murió mujer baleada en la cabeza tras discusión con ex marido


Anexo:

Amnistía Internacional, en el marco de la investigación sobre violencia armada contra las mujeres en Chile, ha confeccionado una encuesta on line sobre violencia doméstica.

Para responder la encuesta tienes que ingresar a www.amnistia.cl y hacer click en "Para que no le pase a otra Mujer: Denuncia la Violencia"; el objetivo es medir situaciones de riesgo potencial o real.

Les pedimos que se animen a responder el cuestionario y nos ayuden a replicarla a otras personas para que podamos obtener datos suficientemente representativos y esclarecedores. La información suministrada será trabajada con confidencialidad y será utilizada sólo en el marco de la investigación "Amores que Matan. El efecto de las armas en las vida de las mujeres"
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14 Comentarios
Violencia Intrafamiliar, agresividad en el hogarMostrar comentario
Violencia Intrafamiliar, agresividad en el hogar
Enviado por Leo Ruilova el 25/03/2007 a las 09:04 PM
Leo Ruilova





Super recurrente el tema.

Hay ene violencia en los hogares de Chile.. claro, el progreso tiene que ser parejo, no puede ser que culturalmente seamos medievales, y que tengamos banda ancha, FON, todos usemos Linux y una economía de lujo.

lunes 1 de septiembre de 2008

El perverso placer de destruir al otro


María Jesús Ribas


Consecuencias de la violencia hogareña

El trato indigno, consistente en acciones destinadas a destruir la fama, el desarrollo y la autoestima de las personas o su integridad moral, causa severos trastornos de ansiedad, depresión y estrés. Las principales víctimas de los intentos de destrucción son las mujeres, las personas de una raza o religión distintas de las mayoritarias, así como los niños, jóvenes y ancianos.

Maltratador vrs maltratado

“¿Alguna vez en tu casa alguien te ha pegado o te ha hecho daño?”, “¿Tienes miedo de alguien en tu casa?”, “¿Has firmado alguna vez documentos que no entendías?”. La respuesta afirmativa a alguna de estas cuestiones planteadas en un cuestionario de la organización Canadian Task Force y que vienen planteando algunos centros médicos a sus pacientes de edad avanzada pueden confirmar la sospecha de un maltrato.

El incremento de la esperanza de vida no significa siempre calidad de vida. Entre un 5 y un 10 por ciento de los ancianos sufre algún tipo de maltrato: la mayoría son mujeres, mayores de 65 años, con carencias económicas y sociales que sufren un deterioro funcional y cognitivo. En más de la mitad de los casos el maltrato lo realizan sus hijos biológicos o políticos.

Este dato expuesto durante un reciente congreso de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria, es sólo una de las múltiples facetas del trato indigno, entendido como todas aquellas prácticas destinadas a destruir la fama, integridad moral y autoestima de las personas, sin razón y de forma reiterada.

Según otro trabajo de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria, la mayoría de las acciones para combatir la violencia contra las mujeres se dirigen a tratar a aquellas con agresiones físicas graves, la parte más llamativa y visible del problema, pero aunque necesarias no son suficientes, pues sólo abarcan al 2 por ciento de las mujeres.

Radiografía del maltrato psíquico

Según sus autoras, en la violencia de género suelen coexistir la violencia física, la psíquica y la sexual, aunque “los estudios se han centrado en la primera, más fácil de medir e identificar. Pero para muchas mujeres, el maltrato psíquico y la degradación son tanto o más intolerables, y tienen consecuencias en la salud y el bienestar similares a las de la violencia física”.

Las tácticas, acciones y campañas de destrucción psicológica y emocional de las personas, y su impacto mental fueron analizadas durante las primeras jornadas sobre el Trato Indigno, organizadas por el comité para la Prevención y el Tratamiento de la Depresión (PTD) con la colaboración de Novartis Neuroscience.

"Los expertos buscan un consenso que establezca los factores sociales que propician el trato indigno, los rasgos de personalidad y estilos de vida proclives a configurar la personalidad del maltratador, y la relación causal entre trato indigno y enfermedad mental”, explica el doctor Antonio Medina, catedrático de Psicología Médica y Psiquiatría de la Universidad de Córdoba.

Según este experto, "trato indigno es todo intento de anular la capacidad humana de autodesarrollo y perfeccionamiento de la autoidentidad. Los elementos que frecuentemente subyacen en ese intento de destrucción son el sexo femenino, la raza y la religión distintas de las mayoritarias, la edad y el trabajo".

Para el doctor Julio Bobes, catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Oviedo existen rasgos de personalidad proclives a padecer trato indigno: "Por un lado, está la víctima que tiene mayor vulnerabilidad o sensibilidad ante las situaciones de estrés general y/o es más receptiva a sentirse herida por la indignidad del trato, y tiene poca disponibilidad para responder personal y socialmente a la agresión”.

Por otro parte, “está el maltratador, cuyo perfil responde a una inflación de narcisismo, quien al estar pendiente de una autoimagen enfermizamente sobrevalorada, estima que las personas objeto de acoso pueden suponer una fuente de amenaza, lo que desencadena la violencia del acoso", según Bobes.

La cara oscura del narcisismo

Para algunos especialistas, la denominada “personalidad narcisista” se explica sobre la base de una carencia emocional temprana producida por una madre emocionalmente fría o indiferente o con una agresividad encubierta hacia el hijo.

La sensación de ser único, importante y diferente de los demás, por alguna razón hace que el narcisista busque en los demás el reflejo o espejo de su sobrevaloración, que es el reverso de un vacío personal que pretende compensar con esa actitud.

"La persona que es objeto de comportamientos perversos por parte de un maltratador o varios, desarrolla una serie de problemas físicos que se originan en el daño que le causan los ataques que recibe periódica y sistemáticamente", según el doctor Bobes.

Para este psiquiatra, "los trastornos de ansiedad, depresivos y de estrés agudo y crónico son las principales consecuencias de sufrir trato indigno”. Además, numerosas investigaciones relacionan el mantenimiento de un estrés continuo con la aparición de síntomas fatiga crónica, enfermedades de la piel, cefaleas tensionales, dolores de espalda, palpitaciones ó hipertensión arterial.

"El simple hecho de acercarse a la víctima y manifestarle que puede contar con nuestro apoyo y solidaridad, suele tener un enorme impacto y suponer una enorme mejora en sus síntomas de estrés", señala el doctor Bobes.

Según las Naciones Unidas, una de cada tres mujeres en el mundo ha padecido malos tratos o abusos. En Estados Unidos, se calcula que un 22 por ciento de las mujeres experimenta al menos una agresión física de su pareja durante la edad adulta, y en la Unión Europea una de cada cinco mujeres experimenta algún maltrato físico, alguna vez en su vida, por parte de su pareja.

Según estos expertos, "las mujeres son más proclives a sufrir trato indigno por razones históricas de dominación del sexo masculino y determinadas capas sociales son todavía muy dependientes".

Otra forma de trato indigno muy en boga, es el “mobbing”: una forma de acoso en el trabajo en el que una persona o grupo de personas se comportan abusivamente con palabras, gestos u otros modos que atentan contra los empleados, degradando el clima laboral.

Daño en la mente y el cuerpo

La sintomatología de las víctimas de acoso moral suelen ser el estrés y la ansiedad, cuando el problema es reciente, mientras que si el acoso persevera van desde la depresión hasta los trastornos psicosomáticos: adelgazamiento u obesidad, problemas digestivos, endocrinos, vértigos, hipertensión arterial.

Pasado un tiempo de acoso moral, los síntomas de estrés se transforman en un trastorno físico, dejando secuelas que pueden ir desde el estrés post-traumático hasta una vivencia de vergüenza recurrente o cambios duraderos del estado de ánimo.

Otros efectos del “mobbing” son la sensación de desilusión, humillación y pérdida de sentido de la vida, e incluso la destrucción de la identidad y cambio del carácter de la persona, con rasgos paranoicos. En España, las conductas de acoso moral causan una media de 138 días de baja laboral por persona.

Para algunos expertos, habría que considerar legalmente como accidentes de trabajo las enfermedades padecidas por el trabajador cuando son una consecuencia del sufrimiento de este tipo de conductas; y también se evitaría la reticencia de los facultativos a estimarlas como tal, precisamente por la carencia de una definición legal del ”mobbing".

Fuente: http://www.univision.com

sábado 30 de agosto de 2008

Datos y Estadísticas



En esta sección se incluyen datos que se refieren al problema de la violencia en contra de la mujer en distintos países de América Latina y el Caribe. Se trata de información cuantitativa o cualitativa, proveniente de diversas fuentes.

Contáctenos para proporcionarnos datos fundamentados sobre este tema. Por favor indique la fuente de donde provienen los datos y el país.

· Argentina · Ecuador · Nicaragua
· Bolivia · El Salvador · Perú
· Brasil · Guatemala · Puerto Rico
· Colombia · Honduras · República Dominicana
· Chile · Haití · Uruguay
· Costa Rica · México · Venezuela

ARGENTINA

· Atenciones de víctimas de violencia doméstica

Un promedio anual de 3.500 casos de violencia doméstica han sido atendidos por el Centro Municipal de La Mujer de Vicente López de Buenos Aires. Aproximadamente 5.000 personas por año, en su mayoría víctimas de violencia conyugal y abuso sexual, son atendidas en el Centro de Atención a Víctimas de la Ciudad de Córdoba. También la Asociación Argentina de Prevención de Violencia Intrafamiliar nos ha informado que alrededor de 5.000 personas fueron atendidas en 1998.

· Denuncias y condenas por violaciones

Entre 5.000 y 7.000 se estiman las violaciones denunciadas anualmente. Las cifras de condenas por delitos sexuales oscilan entre los 500 y los 700 anuales. (Fuente: Informe Nacional de Argentina sobre Violencia de Género. Silvia Chejter, 1998).

· Servicios telefónicos de ayuda

El servico telefónico para mujeres víctimas de violencia familiar de la ciudad de Buenos Aires, dependiente de la Dirección General de la Mujer del Gobierno de esta ciudad, se ha constituido en una importante alternativa de atención especializada y personalizada que brinda orientación y asesoramiento a las denunciantes de este problema. Según un informe del BID elaborado por la psicóloga Soledad Larraín, en el primer semestre de 1997 este servicio recibió 15.060 llamadas. El Informe Nacional de Argentina sobre Violencia de Género, preparado en 1998 por la consultora Silvia Chejter para la Campaña Interagencial contra la Violencia hacia las Mujeres, señala que en 1997 se registraron 13.376 llamadas al teléfono Te Ayudo. Tomando como base 2.415 de esas llamadas, se extraen algunos resultados: el abuso y maltrato de niñas y niños ocurre preferentemente en el ámbito familiar y la mayoría de las agresiones las efectúa el adulto varón, mientras que un 20 por ciento se atribuye a la madre.

· Comisarías para casos de violencia doméstica

Según un estudio realizado por Mala Htun, en 1994 existían 8 comisarías de este tipo distribuidas en la ciudad de Buenos Aires. (Fuente: Laws and Public Policies to Punish and Prevent Violence Against Women in Latin America. Mala N.Htun, Noviembre, 1998).


BOLIVIA

· Denuncias por violencia doméstica

De un total de 7.307 casos de violencia doméstica denunciados entre 1994 y 1998, un 93 por ciento corresponde a violencia intrafamiliar, el 4,2 por ciento a violación o intento de violación, el 1,7 por ciento a asesinato o intento de asesinato, y el 0,3 por ciento a casos de tortura, abandono de mujer embarazada, prostitución, secuestro, acoso sexual o incesto. (Fuente: Informe nacional sobre violencia de género contra las mujeres. Coordinadora de la Mujer; Centro de Promoción de la Mujer "Gregoria Apaza", La Paz, Bolivia, 1999).

· Femicidios y violaciones en niñas y adolescentes

Los intentos de asesinato denunciados entre 1994 y 1998, afectaron a mujeres de entre 21 y 25 años en un 61,3 por ciento; los casos de femicidios tuvieron como víctimas a adolescentes, y los intentos de violación y las violaciones en un 80 por ciento a mujeres entre los 11 y los 20 años de edad. (Fuente: Informe nacional sobre violencia de género contra las mujeres. Coordinadora de la Mujer; Centro de Promoción de la Mujer "Gregoria Apaza", La Paz, Bolivia, 1999)
· Servicios Legales Integrales
Hasta julio de 1997 Bolivia tenía 37 Servicios Legales Integrales. Entre noviembre de 1994 y julio de 1997, en 25 de ellos se atendieron 35.087 casos tipificados como violación a los derechos humanos de los cuales 25.991 corresponden a violencia doméstica. (Fuente: Informe nacional sobre violencia de género contra las mujeres. Coordinadora de la Mujer; Centro de Promoción de la Mujer "Gregoria Apaza", La Paz, Bolivia, 1999).

· Brigadas de Protección a la Mujer y la Familia

Durante 1997 en siete de las Brigadas de Protección a la Mujer y la Familia ­que corresponden en otros países de América Latina a las comisarías de la mujer­ se atendieron 29.237 casos de violencia contra la mujer. (Fuente: Informe nacional sobre violencia de género contra las mujeres. Coordinadora de la Mujer; Centro de Promoción de la Mujer "Gregoria Apaza", La Paz, Bolivia, 1999).


BRASIL

· Violencia sexual

Un estudio realizado en Campinas, S.P., Brasil, indica el 62 por ciento de más de 1800 mujeres de entre 15 y 49 años entrevistadas, dijeron haber tenido relaciones sexuales contra su voluntad. Al consultar la razón de ello, el 7 por ciento declaró haber sido sometida a violencia física; el 23 por ciento a alguna forma de coerción, y el 32 por ciento declaró haber considerado que era su obligación aceptar la imposición de su marido, novio o compañero. Fuente: Andalaft, Jorge; Faúndes, Aníbal. Violencia sexual y respuesta del sector salud en Brasil. Ponencia presentada en Simposio 2001 “Violencia de género, salud y derechos en las Américas”. Cancún, México, junio 2001.
· Violencia en contra de la mujer en Puerto Alegre
De 57.473 casos de violencia en contra de la mujer registradas en las Delegaciones Especializadas de Atención a la Mujer de Porto Alegre entre 1988 y 1998, más del 50 por ciento corresponde a crímenes por lesión corporal, amenazas y estupro. Fuente: Delegacia de Policia de Porto Alegre. Citado en: Informe nacional Brasil, PNUD, diciembre de 1998.
· Violencia doméstica y sexual en São Paulo
Según datos de las Delegaciones Especializadas de Atención a la Mujer, en 1996 se registraron 65.812 casos por violencia doméstica y sexual, 86.684 en 1997, y 46.312 en el primer semestre de 1998. Fuente: Informe nacional Brasil, PNUD, diciembre de 1998
· Violencia en contra de la mujer en el Estado de Rio de Janeiro
Según datos de las Delegaciones Especializadas de Atención a la Mujer y de las de la Policia del Estado, en 1994 se registraron 30.540 casos de violencia; en 1995 hubo 34.344 casos; en 1996 se registraron 38.045 casos; en 1997 fueron 43.590 y hasta julio de 1998 se habían registrado 49.279 casos por violencia contra las mujeres. Fuente: Informe nacional Brasil, PNUD, diciembre de 1998.

· Violencia contra las mujeres en el Distrito Federal

Durante el período enero-septiembre de 1998, la Delegacia da Mulher del Distrito Federal había registrado 2.058 casos por violencia contra las mujeres. Por lesión corporal dolosa 983 casos, por estupro, 103 y amenazas, 972. Fuente: Delegacia da Mulher do D.F. citado por Informe nacional Brasil, PNUD, diciembre de 1998

· Delegaciones Especializadas de Atención a la Mujer (DEAMs)

Creadas en 1985 en Brasil, hoy día son 307 las DEAMs funcionando en todos el territorio brasileño. São Paulo concentra el 40,7 por ciento de ellas, y Minas Gerais, el 13 por ciento. Estas constituyen la principal política pública de prevención y combate a la violencia contra las mujeres. Fuente: Ministério da Justiça/Conselho Nacional dos Direitos da Mulher. Pesquisa Nacional sobre as Condições de Funcionamento das Delegacias Especializadas no Atendimento às Mulheres; (2001).

· Denuncias policiales registradas en las Delegaciones Especializadas de Atención a la Mujer (DEAMs)

Durante 1999 se registraron 326.793 denuncias en las DEAMs, de las cuales 107.999 (33,05 por ciento) fueron amenazas; 159 fueron asesinatos (0,05 por ciento); 113.713 constituyen casos de lesión corporal (34,80 por ciento); 4.076 casos de malos tratos (1,25 por ciento); 4.697 casos de estupro (1,44 por ciento) y 1.242 tentativa de estupro (0,38 por ciento), entre otros crímenes. Fuente: Ministério da Justiça/Conselho Nacional dos Direitos da Mulher - Pesquisa Nacional sobre as Condições de Funcionamento das Delegacias Especializadas no Atendimento às Mulheres. (2001)


COLOMBIA

· Mujeres víctimas de desplazamiento forzoso

Las mujeres y las niñas y niños conforman el 75 por ciento de las personas desplazadas internas del país. El 58 por ciento de ellas es mujer, el 25 por ciento cabeza de familia. Sólo el 1,28 por ciento de las/os desplazadas/os (13 mil personas) ha recibido algún tipo de ayuda humanitaria. Fuente: Proyecto Promoción de los Derechos Humanos y Reproductivos para la Atención y la Prevención de la Violencia contra las Mujeres. Consejería Presidencial para los Derechos Humanos; Defensoría del Pueblo; Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses; Fiscalía General de la Nación. 2000.


· Desplazados/as en Colombia

De acuerdo al proyecto Promoción de los derechos humanos y reproductivos para la atención y la prevención de la violencia contra las mujeres, las personas desplazadas, son en su mayoría, campesinos/as que en los últimos 10 años huyeron de las amenazas y los homicidios cometidos por grupos guerrilleros, de las masacres perpetradas por los paramilitares, de abusos y ejecuciones extrajudiciales de la fuerza pública, y de la violencia generalizada que provocó el narcotráfico. En la mayoría de los casos, recae sobre las mujeres todo el peso de la situación producida por la violencia. Muchas de ellas, viudas y con hijas/os pequeños, analfabetas o con muy poca escolaridad, tienen que asumir la responsabilidad de criar a su prole y conservar el núcleo familiar. Fuente: Proyecto Promoción de los derechos humanos y reproductivos para la atención y la prevención de la violencia contra las mujeres. Consejería Presidencial para los Derechos Humanos; Defensoría del Pueblo; Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses; Fiscalía General de la Nación. 2000.

· Denuncias por violencia intrafamiliar

Entre 1996 y 2000, el número de denuncias por violencia intrafamiliar a nivel nacional pasó de 51.451 a 68.585, es decir, 17.134 casos más. De este total , las mujeres representaron el 79 por ciento de la población víctima de violencia intrafamiliar. La tasa más alta de violencia de pareja la presentaron las mujeres entre los 25 a 34 años de edad. Fuente: Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses. Datos Nacionales, año 2000.

· Violencia intrafamiliar en Medellín

Del total de 15.981 casos denunciados por violencia intrafamiliar, 13.511 (79 por ciento) corresponden a mujeres. El 92 por ciento de las mujeres maltratadas físicamente es ama de casa. Sólo el 27 por ciento denuncia ante las autoridades. Fuente: Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses. Datos Nacionales, año 2000

· Delitos sexuales

El Instituto de Medicina Legal registró en el año 2000 un total de13.542 casos atendidos por delitos sexuales. El 86 por ciento (11.636 casos) de las víctimas era de sexo femenino. Fuente: Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses. Datos Nacionales, año 2000
· Casos de violencia sexual en la Unidad Especializada en delitos contra la libertad sexual y la dignidad humana
De acuerdo con la información suministrada por la Fiscalía General de la Nación, en 1999, se sindicaron 1907 personas por haber cometido delitos sexuales. Del total de víctimas, el 90 por ciento era de sexo femenino y el , 55,6 por ciento tenía menos de 14 años. Fuente: Fiscalía General de la Nación, 1999.


CHILE


· Violencia sexual en la pareja

Por primera vez en Chile se puede conocer la prevalencia de la violencia sexual en las relaciones de pareja. El estudio consideró a la Región Metropolitana y a la Región de la Araucanía (población urbano-rural e indígena). En la Región Metropolitana un 14,9 por ciento de las mujeres, actual o anteriormente casadas o en convivencia, vive violencia sexual, mientras que en la Araucanía el porcentaje es un poco más bajo: 14,2. (Fuente: Detección y análisis de la prevalencia de la violencia intrafamiliar. Universidad de Chile. Centro de Análisis de Políticas Públicas. Santiago: SERNAM, agosto 2001).

· Prevalencia de la violencia intrafamiliar

En la Región Metropolitana un 50,3 por ciento de las mujeres ha vivido alguna vez violencia en la relación de pareja. De ellas, un 34,1 por ciento ha sufrido violencia física y/o sexual y un 16,3 por ciento violencia psicológica. En la Región de la Araucanía los resultados son semejantes: 47,1 por ciento. De las mujeres de esta última región, un 18,9 por ciento ha sido objeto de violencia psicológica, mientras que un 28,2 por ciento ha sufrido violencia física y/o sexual. (Fuente: Detección y análisis de la prevalencia de la violencia intrafamiliar. Universidad de Chile. Centro de Análisis de Políticas Públicas. Santiago: SERNAM, agosto 2001).

· Violencia conyugal según estrato socioeconómico

En la Región Metropolitana un 38,8 por ciento de las mujeres de estrato socioeconómico alto y medio-alto ha vivido situaciones de violencia en la pareja. En las de sectores medios, el porcentaje alcanza a un 44,8, mientras que en sectores bajos asciende a un 59,4. En la Región de la Araucanía, mientras tanto, un 33,8 por ciento de las mujeres de estrato socioeconómico alto y medio-alto ha vivido situaciones de violencia en la pareja. En mujeres de sectores medios la tasa es de un 45,8 y en las de sectores bajos de 50 por ciento. (Fuente: Detección y análisis de la prevalencia de la violencia intrafamiliar. Universidad de Chile. Centro de Análisis de Políticas Públicas. Santiago: SERNAM, agosto 2001).

· Efectos de la violencia en la salud de las mujeres

La autoevaluación del estado general de salud de las mujeres encuestadas en la Región Metropolitana reveló importantes diferencias según su experiencia de violencia conyugal: 65,9 por ciento de las mujeres que no ha vivido violencia evaluó su salud como muy buena o excelente, en contraste con el 57,2 por ciento de las mujeres que vive o vivió violencia psicológica y 47,2 por ciento de las mujeres que vive o ha vivido violencia física y/o sexual. La región de la Araucanía presenta una tendencia similar. (Fuente: Detección y análisis de la prevalencia de la violencia intrafamiliar. Universidad de Chile. Centro de Análisis de Políticas Públicas. Santiago: SERNAM, agosto 2001).

· Violencia en las parejas jóvenes

Respecto de la violencia en las relaciones de pololeo (noviazgo), las cifras muestran que la violencia psicológica tiene una prevalencia de 11,4 por ciento en las parejas de novios, y la violencia física o sexual un 9 por ciento. (Fuente: Detección y análisis de la prevalencia de la violencia intrafamiliar. Universidad de Chile. Centro de Análisis de Políticas Públicas. Santiago: SERNAM, agosto 2001).

· Violencia conyugal en la VIII Región

En un estudio realizado en Talcahuano para medir la magnitud de la violencia conyugal en esa comuna, se observa que el 20,5 por ciento de 417 mujeres encuestadas (108), reconoció vivir violencia por parte de su cónyuge o conviviente. Eso significa que una de cada cinco mujeres de esa comuna es víctima de algún tipo de violencia. (Fuente: Magnitud de la violencia conyugal hacia la mujer en la comuna de Talcahuano: Municipalidad de Talcahuano. Oficina de la Mujer, marzo de 1999).

· Denuncias por violencia conyugal

Un 30 por ciento de las mujeres que vive violencia en la comuna de Talcahuano ha denunciado el hecho, y un 64,4 por ciento nunca lo ha hecho. Las denuncias son efectuadas ante Carabineros (policía) en un 60,6 por ciento, y un 24,2 por ciento ante los Tribunales de Justicia. El 34 por ciento de las denuncias han terminado en avenimiento. (Fuente: Magnitud de la violencia conyugal hacia la mujer en la comuna de Talcahuano: Municipalidad de Talcahuano. Oficina de la Mujer, marzo de 1999).

· Los jóvenes y la violencia

En Valparaíso, Chile, la violencia física en parejas jóvenes universitarias se da en un 24 por ciento de los casos, y la violencia psicológica en un 51 por ciento de ellos. (Universidad Católica de Valparaíso, 1996)

· Impacto de la violencia doméstica en los ingresos de las mujeres

Un estudio de Morrison y Orlando señala que en Santiago las mujeres que no son víctimas de severa violencia física ganan un promedio de US$ 385 al mes, mientras que las que padecen de esta violencia ganan solamente, en promedio, US$ 150. (Fuente: El Impacto Socio Económico de la Violencia Doméstica contra la Mujer en Chile y Nicaragua. A.Morrison y M.B.Orlando, BID, Washington,DC, 1997)

· Costos de la violencia doméstica

Un estudio sobre las consecuencias socioeconómicas de la violencia familiar revela que en Chile, el costo para la economía es significativo ya que todos los tipos de violencia doméstica reducen los ingresos de las mujeres trabajadoras en 1.5 billones de dólares, lo que corresponde a más del 2 por ciento del PIB de 1996. (Fuente: El Impacto Socio Económico de la Violencia Doméstica contra la Mujer en Chile y Nicaragua. A. Morrison y M. B. Orlando, BID, Washington, DC, 1997)

· Programas de capacitación en el problema de la violencia doméstica

El Servicio Nacional de la Mujer (SERNAM) informó que entre 1992 y 1996 ha capacitado en este tema a 24.000 funcionarios públicos provenientes de la policía, de los tribunales y de los sectores de educación y salud. (Fuente: Laws and Public Policies to Punish and Prevent Violence Against Women in Latin America. Mala N.Htun, Noviembre, 1998)

COSTA RICA

· Atención pública en violencia intrafamiliar

Desde la puesta en práctica del Plan Nacional para la Atención y Prevención de la Violencia Intrafamiliar (PLANOVI) en 1994, la sistematización de casos de violencia intrafamiliar atendidos en las instituciones públicas se ha incrementado. En 1995 se atendieron 8325 personas; en 1996, 14323; en 1997, 25144 personas, y en 1998, 46.531 personas. (Fuente: García, Ana Isabel et al. Sistemas públicos contra la violencia doméstica en América Latina, 2000)

· Denuncias en las oficinas judiciales

Desde la entrada en vigencia de la Ley contra la Violencia Doméstica, el número de denuncias por esa causal ha ido en aumento. Extrapolando los resultados del segundo semestre de 1996 y del primer semestre de 1999, se concluye que la cantidad de denuncias viene creciendo a razón de 5000 por año. (Fuente: García, Ana Isabel et al. Sistemas públicos contra la violencia doméstica en América Latina, 2000)

· Violencia en contra de las mujeres, niñas y ancianas/os

Un estudio de opinión pública en población urbana realizado en 1996 por el Centro Nacional para el Desarrollo de la Mujer y la Familia, obtuvo los siguientes resultados: un 36,3 por ciento de entrevistados/as afirma conocer a un hombre que golpea frecuentemente a su pareja; 35,1 por ciento declara saber de ancianos/as que son maltratados en el hogar; un 21,4 por ciento afirma conocer a un hombre que obliga a su esposa a tener relaciones sexuales forzadas; un 21 por ciento dijo conocer a personas que tienen contacto sexual con niñas, niños y adolescentes; y un 19,5 por ciento dijo saber de personas que enseñan pornografía a niños y niñas. (Fuente: García, Ana Isabel et al. Sistemas públicos contra la violencia doméstica en América Latina, 2000)

· Llamadas a línea 800 "Rompamos el silencio"

En el año 2000, la Línea "Rompamos el Silencio" del Instituto Nacional de las Mujeres recibió 12.183 llamadas, de las cuales el 94 por ciento fue para solicitar apoyo para mujeres afectadas por la violencia. (Fuente: Carcedo, A. Y Sagot, M. Femicidio en Costa Rica: cuando la violencia contra las mujeres mata. San José, 2001)
· Atención de casos por violencia doméstica
Durante 1998 y hasta junio de 1999, la Fiscalía de Violencia Doméstica y delitos Sexuales atendió 976 casos por violencia doméstica. (Fuente: Ramellini, Teresita. Informe Nacional Costa Rica. San José: PNUD, junio 1999)

· Medidas de protección

Según datos del Departamento de Planificación del Poder Judicial, en 1999 se recibieron 26,437 solicitudes de medidas de protección por violencia doméstica, 26 por ciento más que las registradas en 1998. En el país, las provincias de San José y Alajuela son las que reportan más denuncias. (Proyecto Estado de la Nación, 2000, citado por Carcedo, A. Y Sagot, M. Femicidio en Costa Rica: cuando la violencia contra las mujeres mata. San José, 2001)

· Registro de violencia intrafamiliar en los servicios de salud

Para las autoridades de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), responsables de la estadística biomédica a nivel central, la existencia de la Clasificación Internacional de Enfermedades en su décima revisión, permite el registro de la violencia intrafamiliar y su procesamiento estadístico por parte del personal técnico de registros de salud a nivel local y regional. La sección de Bioestadísticas de la CCSS realizó un proceso de capacitación al personal técnico de registros de salud sobre la nueva clasificación de enfermedades y problemas que afectan la salud. (Fuente: Ramellini, Teresita. Informe nacional Costa Rica. San José: PNUD, junio 1999)

· Casos de hostigamiento sexual a la Defensoría de la Mujer

Las estadísticas sobre hostigamiento sexual son escasas, aunque a raíz de la aprobación de la Ley contra el Hostigamiento Sexual en el Empleo y la Docencia (1995), la cantidad de mujeres que denuncia este delito ha ido en aumento. De 17 y 22 que denunciaron en 1996 y 1997, respectivamente, se llegó a la cifra de 105 denunciantes en 1998. (Fuente: Ramellini, Teresita. Informe nacional Costa Rica. San José: PNUD, junio 1999)

· Riesgo de muerte

En un estudio realizado por el Programa "Mujer No Estás Sola" de CEFEMINA (Carcedo, 1994), con base en cinco mil mujeres que han acudido a sus grupos de apoyo, se comprobó que la gravedad de la agresión recibida frecuentemente las pone en riesgo mortal. Un 15 por ciento de estas mujeres ha sido atacada o amenazada con armas de fuego; un 31 por ciento con armas blancas; un 24 por ciento con vidrios o ha sufrido quemaduras o daños con otro tipo de instrumentos. Un 58 por ciento manifestó haberse sentido alguna vez en peligro de morir a manos del agresor, a la vez que un 47 por ciento ha sentido deseos o intentado suicidarse como resultado de la violencia ejercida contra ellas. Finalmente, el 48 por ciento de estas mujeres ha tenido que dejar alguna vez la casa por miedo de morir (Fuente: Carcedo, A., Sagot, M. Femicidio en Costa Rica: cuando la violencia contra las mujeres mata. San Jose, 2001)

· Datos sobre femicidio

En la primera y la segunda mitad del decenio de 1990 hubo un número similar de homicidios de mujeres (157 y 158 respectivamente. Sin embargo, entre 1995 y 1999 se informó de un 12 por ciento más de femicidios que en los primeros años de la década. Este hallazgo significa que mientras el número total de muertes intencionales de mujeres no ha aumentado, el de femicidios sí lo ha hecho. En ese sentido, los femicidios representan una proporción cada vez mayor del total de homicidios de mujeres: 56 por ciento en la primera mitad de la década y 61 por ciento en la segunda. (Fuente: Carcedo, A., Sagot, M. Femicidio en Costa Rica: cuando la violencia contra las mujeres mata. San Jose, 2001)

· Relaciones de pareja y femicidio

Los datos muestran que, para efectos del femicidio, las relaciones de pareja son las más peligrosas (incluso cuando la relación ha terminado). Las parejas o ex parejas de las mujeres son las responsables del 61 por ciento de los femicidios, seguidas de otros familiares que causaron el 17 por ciento de estos crímenes, y de los pretendientes, que causaron el 7 por ciento de esos asesinatos. (Fuente: Carcedo, A., Sagot, M. Femicidio en Costa Rica: cuando la violencia contra las mujeres mata. San Jose, 2001)


ECUADOR

· Algunas cifras

Una encuesta realizada en Quito por el Centro de Planificación y Estudios (CEPLAES), señala que el 60 por ciento de las mujeres eran o habían sido golpeadas por sus esposos o convivientes. De entre ellas, un 37,3 por ciento era maltratada frecuentemente; el 25 por ciento sufría agresiones "a veces" y el 35,6 por ciento era agredida "rara vez". (Aguilar y Camacho, Nada Justifica la Violencia, CEPLAES, 1997). Según el Informe Estadístico N° 9 de la Fundación María Guare de Guayaquil, entre octubre de 1996 y abril de 1997 se denunciaron 6.153 casos de agresión intrafamiliar en la Comisaría de la Mujer y la Familia de esa ciudad. Un 92,72 por ciento de las víctimas son mujeres, de las cuales un 53,39 por ciento mantiene una relación marital de siete años o más. La agresión se da en un 88,97 por ciento en el hogar. En un 74,90 por ciento la agredida es quien hace la denuncia.

· Casas de refugio

En 1990 se inauguró en Quito la Casa de Refugio para Mujeres y Menores Víctimas de Violencia. A partir de esa fecha se abrieron otras casas de refugio en el país: Casa del Refugio del CEPAM, Albergue San Juan de Dios, Hogar María Bethlehem, Hogar Juvenil Femenino, Albergue Talita Cumi. (Fuente: Boletín N° 16 de la Red Feminista Latinoamericana y del Caribe contra la Violencia Doméstica y Sexual/Isis Internacional, 1997)


EL SALVADOR

· Femicidios según relación con el agresor

De 134 mujeres asesinadas entre septiembre de 2000 y diciembre de 2001, el 98.3% fue producto de una relación de pareja. El 26,7 por ciento, fue a manos del esposo; 21,4 por ciento el ex-esposo; 27,4 por ciento el conviviente; 18,3 por ciento el ex-conviviente; 2,7 por ciento el novio; y 17 por ciento el ex-novio. (Fuente: CEMUJER, Clínica de Atención Integral y monitoreo de medios escritos La Prensa Gráfica y El Diario de Hoy, 2002).

· Casos atendidos por violencia Intrafamiliar

Entre 1995 y1 998 el Programa de Saneamiento de la Relación Familiar atendió 11.313 casos por violencia intrafamiliar, 11.691 por maltrato a menores, 14.798 de consejería y atención emocional y 1.334 casos de delitos sexuales. (Fuente: Instituto Salvadoreño para el Desarrollo de la Mujer, ISDEMU. Programa de Saneamiento de la Relación Familiar, 1999)

· Atención en crisis y atención en prevención de violencia intrafamiliar

Del total de las 200.080 personas atendidas entre 1995 y marzo de 1999 por el Programa de Saneamiento de Relaciones Familiares, 43.465 personas fueron en atención en crisis (22 por ciento), y 156.615 en atención en prevención. (Fuente: Instituto Salvadoreño para el Desarrollo de la Mujer, ISDEMU, 1999).

· Delitos cometidos contra mujeres a nivel nacional – 1998

De los 4.059 delitos cometidos en 1998 contra las mujeres y atendidos en la Policía Nacional, 26 por ciento corresponde a delitos contra la vida y la integridad personal (152 casos de homicidios, 746 de lesiones, entre otros); un 9,5 por ciento corresponde a delitos contra el pudor y la libertad sexual (353 casos de violación); un 16,9 por ciento de delitos contra la libertad personal y moral; un 2,8 por ciento contra la inviolabilidad de morada; un 42,2 por ciento delitos contra el patrimonio; y 0,6 por ciento, delitos contra los bienes jurídicos de la familia. (Fuente: Policía Nacional Civil, 1999)

· Violencia sexual

Entre 1992 y 1997 se atendieron en el Instituto Salvadoreño de Medicina Legal de San Salvador, 4.223 casos por violencia sexual. (Fuente: Instituto de Medicina Legal Dr. Roberto Masferrer. Corte Suprema de Justicia. Región Metropolitana, 1998)

· Violencia contra las mujeres y niñas

En el período enero-octubre de 2001 se registraron 434 casos por violencia física contra mujeres y niñas; 634 casos por violencia psicológica; 117 casos por violencia sexual (violación, acoso sexual); y 445 casos por violencia económica. (Fuente: CEMUJER. Clínica de Atención Integral a Mujeres, Niños y Niñas Violentadas, 2002).

· Asesoría brindadas por CEMUJER según vía de atención

Entre los años 1990 y 2001 se atendió, vía telefónica, 12.188 casos por violencia a mujeres, niños y niñas; y 8.631 casos de atención directa en la Clínica de CEMUJER. (Fuente: CEMUJER. Clínica de Atención Integral a Mujeres, Niños y Niñas Violentadas, 2002).


GUATEMALA

· Denuncias por violencia intrafamiliar

En1999, la Defensoría de los Derechos de la Mujer de la Procuraduría de los Derechos Humanos recibió 5.000 denuncias por violencia contra las mujeres, de las cuales 3.484 fueron por violencia intrafamiliar. (Fuente: Centro de Estudios, Información y Bases para la Acción (CEIBOS). Módulo Instruccional. Introducción contextual a la problemática de la violencia intrafamiliar. Análisis integral de la violencia en la familia. Procesos educativos para operadoras y operadores de justicia. Ministerio Público, julio 2000).
· Denuncias por violencia en contra de las mujeres y las niñas
La Fiscalía de la Mujer del Ministerio Público denunció que en el año 2000 se presentaron 5.029 denuncias por violencia intrafamiliar y 949 por violaciones sexuales y otros tipos de agresión. (Fuente: Fiscalía de la Mujer. Informe estadístico del Departamento de Guatemala sobre violencia intrafamiliar. Ministerio Público, Guatemala, 2000)
· Violaciones sexuales
En el 90 por ciento de los casos por violaciones sexuales denunciados a la policía Nacional, las víctimas fueron mujeres (50 por ciento) y niñas (40 por ciento). (Fuente: AID. Programa de Justicia. Diagnóstico sobre impedimentos para el acceso de la mujer a la justicia en 15 municipios de la República de Guatemala, diciembre de 2000).
· Femicidios
Informaciones de prensa dan cuenta de que un 60 por ciento de los asesinatos de mujeres son resultado de violencia doméstica. (Fuente: Periódico Siglo XXI, 4 de febrero de 2001).
· Violencia contra las mujeres y acceso a la justicia
En un estudio realizado en 15 municipios de Guatemala respecto del acceso de las mujeres a la justicia, se detectó que acuden a ella en un 68 por ciento por violencia intrafamiliar, en un 16 por ciento por lesiones graves y en un 9 por ciento por violación sexual. (Fuente: AID. Programa de Justicia. Diagnóstico sobre impedimentos para el acceso de la mujer a la justicia en 15 municipios de la República de Guatemala, diciembre de 2000).
· Operadores de justicia y aplicación de la legislación
Sólo el 16 por ciento de los operadores y operadoras de justicia consideran que las leyes de protección a la mujer se aplican correctamente. Unicamente un 31 por ciento relaciona dicha legislación con su trabajo. (Fuente: AID. Programa de Justicia. Diagnóstico sobre impedimentos para el acceso de la mujer a la justicia en 15 municipios de la República de Guatemala, diciembre de 2000).
· El conflicto armado y la violencia política
En el año 2000, se reiniciaron las prácticas de desapariciones forzadas, allanamientos a sedes de organizaciones de derechos humanos y de mujeres y violaciones a quienes trabajan en ellas, amenazas de muerte y asesinatos políticos, especialmente de mujeres. Es el caso del asesinato político de la Hermana Bárbara Ford, quien desarrollaba programas de salud mental a mujeres afectadas por la guerra; del secuestro y desaparición de Mayra Gutiérrez, catedrática universitaria e integrante del movimiento de mujeres de Guatemala; de amenazas a dos juezas encargadas de llevar el caso de Monseñor Gerardi, a una magistrada de la Corte de Constitucionalidad, a mujeres fiscales, a periodistas y defensoras de los derechos humanos. (Fuente: Comité Latinoamericano para la Defensa de los Derechos de la Mujer, CLADEM. Reporte sombra de Guatemala para el Comité de Derechos Humanos. Presentado al Comité en su 72ª sesión. Ginebra: junio 2001).
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HAITI
· Encuesta
En base a una muestra nacional representativa de 1.705 mujeres, el Centro Haitiano de Investigaciones y Acciones para la Promoción Femenina (CHREPROF) detectó que en 1996 un 70 por ciento había sufrido violencia doméstica y en un 36 por ciento de ellas el agresor era su pareja. (Fuente: Violence in Latin America and the Caribbean: A Framework for Action. M. Buvinic, A. Morrison, M. Shifter. 1998).
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HONDURAS
· Noticias sobre violencia en contra de las mujeres
La revisión de las noticias de los principales periódicos del país sobre violencia en contra de la mujer realizada por el Centro de Derechos de la Mujer (CDM) de Honduras, arroja los siguientes datos. En el 26,8 por ciento de los casos se evidencian golpes y/o agresiones con arma blanca o de fuego; en un 24 por ciento se informa de violencia sexual y física (además de golpes, alguna forma de abuso sexual), y en un 21,79 por ciento de violencia sexual. El ámbito donde ocurre la agresión es la vivienda de la agredida en un 39,11 por ciento; un 14,53 por ciento en la calle; un 3,35 por ciento en la vivienda del agresor; un 6,7 por ciento en el lugar de trabajo, y en un 18,99 por ciento no se especifica el lugar de la agresión. Según los mismos medios, en el país hay un promedio mensual de tres mujeres asesinadas por el esposo, novio o compañero de hogar. (Fuente: Mujeres en las Noticias, Centro de Derechos de la Mujer (CDM) de Honduras, junio de 1997).
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MEXICO
· Encuesta sobre Violencia Intrafamiliar
Uno de cada tres hogares ha vivido maltrato emocional, intimidación, abuso físico o abuso sexual. Así lo reveló la Encuesta sobre Violencia Intrafamiliar realizada en 1999 en el área metropolitana de la Ciudad de México por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGE). El maltrato emocional constituye el tipo de agresión más frecuente: 99,2 por ciento; la intimidación se manifiesta en 16,4 por ciento; la violencia física en 11,2% y el abuso sexual en 1,1% de los hogares. La violencia se presenta en 32,5% de los hogares dirigidos por varones, en tanto que en aquellos encabezados por mujeres la frecuencia es de 22 por ciento. (Fuente. La prevención y erradicación de la violencia doméstica a partir del sistema de salud: Un nuevo paradigma. Patricia Espinosa Torres, Instituto Nacional de las Mujeres, México, junio 2001).
· Muertes de mujeres (femicidio)
El lugar predominante de muerte de las mujeres es el hogar. Tal es la conclusión de una revisión de 15.162 certificados de defunción por muerte violenta en la zona metropolitana de Ciudad de México (1993­1997). El envenenamiento es 9 veces mayor en las mujeres que en los hombres y el homicidio por inmersión también presenta mayor proporción en ellas. Los homicidios fueron 3 veces mayores por estrangulación y 2 veces mayores por lucha, altercado, violación y ataque por otros medios. El estudio concluye que se registra violencia en 6.4 varones por cada mujer (Fuente: Informe México. Simposio 2000. Violencia de género, salud y derechos en las Américas, diciembre de 1999).
· Violencia familiar en México D.F.
Entre el 88 y el 90 por ciento de las personas que vive violencia familiar en el Distrito Federal (1999) son mujeres. Datos preliminares de una muestra representativa de mujeres que asistieron a centros de salud en el D.F. por otras causas, muestran que el 42 por ciento sufre maltrato emocional, 32 por ciento maltrato físico, 14 por ciento maltrato sexual y un 17 por ciento presenta algún tipo de maltrato durante el embarazo (Fuente: Informe México. Simposio 2000. Violencia de género, salud y derechos en las Américas, diciembre de 1999).
· Investigación sobre mujeres afectadas por la violencia doméstica
Una investigación sobre salud reproductiva y violencia contra la mujer realizada en el área metropolitana de Monterrey, Nuevo León, por el Consejo Estatal de Población en 1995 y 1996, señala que, de una muestra de 1.064 mujeres mayores de 15 años, el 46,1 por ciento afirmó haber sido o estar siendo sujeta a algún tipo de violencia psicológica, física y/o sexual por parte de su pareja y el 39,3 por ciento señaló que la violencia era alta o muy alta. El grupo de edad mayormente afectado era el de 30-34 años. (Fuente: Red de Atención para la Violencia Doméstica. El Caso de Monterrey. Marcela Granado, 1997).
· Programa de trabajo con hombres violentos
El Colectivo de Hombres por Relaciones Igualitarias A.C. (CORIAC) fue creado por el esfuerzo y reflexión de varios hombres, con el apoyo de muchas mujeres. En febrero de 1993 CORIAC abrió el programa permanente de apoyo a hombres que deseaban dejar de ser violentos. El Colectivo conforma grupos de reflexión masculina con una perspectiva de género y cuenta con tres niveles de reeducación o trabajo individual y un período extra de entrenamiento a facilitadores para reproducir la experiencia en su propia comunidad. (Fuente: El Colectivo de Hombres por Relaciones Igualitarias: Reflexiones de una Experiencia de Trabajo con Hombres que se Reconocen Violentos, Francisco Cervantes Islas, Octubre, 1997).
· Casas de refugio
La institución Adictos Anónimos a las Relaciones (AAR) ofrece desde 1988 albergue a mujeres víctimas de violencia. Hasta 1997 la institución contaba con 4 casas ubicadas en Veracruz, Cuautitlán, Xola, e Iztapalapa. En 1994 se creó el Centro de Atención a la Mujer (CAM) en Tlanelpantla, Estado de México, el que cuenta con un pequeño albergue. A mediados de 1997 se abrió el primer refugio en el Distrito Federal coordinado por la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal y la Secretaría de Educación, Salud y Desarrollo del Departamento del Distrito Federal. (Fuente: Boletín N° 16 de la Red Feminista Latinoamericana y del Caribe contra la Violencia Doméstica y Sexual/ IsisInternacional, 1997).
· Programa Nacional contra la Violencia Intrafamiliar 1999-2000 (PRONAVI)
Una acción significativa en la lucha por la erradicación de la violencia familiar fue la creación en 1999 del Programa Nacional contra la Violencia Intrafamiliar (PRONAVI) por el Secretario de Gobernación. Para hacerlo, se tomó en consideración las experiencias y los conocimientos de este tipo de violencia en México de organismos de mujeres, universidades e instituciones de investigación e instancias gubernamentales (Fuente: Informe México. Simposio 2000. Violencia de Género, Salud y Derechos en las Américas, diciembre de 1999).
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NICARAGUA
· Prevalencia de la violencia doméstica o intrafamiliar
Según la investigación llevada a cabo en 1997 por el Banco Interamericano de Desarrollo, el 70 por ciento de las mujeres había vivido violencia física alguna vez en su vida, mientras que el 33 por ciento la había experimentado en el último año. (Fuente: Morrison, A. y Orlando B. El impacto socioeconómico de la violencia doméstica contra la mujer en Chile y Nicaragua. Washington: BID, octubre 1997).
· Prevalencia de violencia contra las mujeres en el municipio de León
En un estudio de prevalencia realizado en el municipio de León, 60 por ciento de las 488 mujeres entrevistadas informó haber sido víctima de algún tipo de abuso físico, sexual o psicológico en su vida. Sin embargo, el más común fue el abuso conyugal que representó el 70 por ciento de los casos mencionados. (Ellsberg et al. Confites en el infierno. Prevalencia y características de la violencia conyugal hacia la mujer en Nicaragua. 2ª. Edición, 1998).
· Prevalencia de violencia conyugal en la Región del Atlántico Norte
Un estudio efectuado en las Minas de la Región Autónoma del Atlántico Norte, donde fueron entrevistadas 498 mujeres representativas (edad, etnia, municipio, rural y urbana), concluyó que tres de cada 10 mujeres reconocían haber sido golpeadas por algún miembro varón de la familia. (Fuente: Centro de Investigación y Acción de la Mujer, CIAM; Defensoría de los Derechos de las Humanas. Señales de humo: la situación del ejercicio de los derechos de las mujeres en la subregión de las Minas, RAAN. Nicaragua: IINIES, 1996).
· Otros datos de prevalencia
Según datos de una encuesta nacional realizado en 1998, el 29 por ciento de las mujeres que alguna vez vivió en unión ha recibido algún abuso físico o sexual en sus vidas. (Fuente: Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, INEC; Ministerio de Salud. Encuesta Nicaragüense de Demografía y Salud. Managua, 1999).
· Implicaciones económicas y de salud de la violencia conyugal
Según un estudio realizado en 1997, las mujeres que vivían violencia doméstica utilizan con más frecuencia los servicios de salud. El 28 por ciento informó haberse internado en un hospital –comparado con el 16 por ciento de las mujeres no maltratadas– reportaron más intervenciones quirúrgicas y más visitas a las unidades de salud. Las mujeres que habían recibido maltrato físico de sus maridos ganaron el 4 por ciento menos que las no maltratadas. Los costos totales de la violencia doméstica se estiman en 29,5 millones de dólares lo que equivale al 1,6% del PIB de 1996. (Fuente: Morrison, A. Y Orlando, B. El impacto socioeconómico de la violencia domestica contra la mujer en Chile y Nicaragua. Washington D.C., BID, 1997)
· Denuncias en las Comisarías de la Mujer y la Niñez
Del total de denuncias recibidas por las Comisarías de la Mujer y la Niñez en 1997, el 61 por ciento fue por violencia intrafamiliar y el 39 por ciento por delitos sexuales. De estas últimas, el 42 por ciento fue por lesiones y el 14 por ciento por violación. Esto representa un aumento de 88 por ciento con relación a 1996, que es muy superior al crecimiento del delito en general que fue de un 13,9 por ciento. El incremento de denuncias por delitos sexuales fue superior al 100 por ciento, en tanto el delito por violación experimentó un aumento de 124 por ciento. (Fuente: Policía Nacional. Informe de las Comisarias de la Mujer y la Niñez durante 1997. Managua, 1998).
· Tratamiento policial y judicial a víctimas de violencia sexual o intrafamiliar
Una investigación realizada en 1998 por el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos sobre el tratamiento policial y judicial a las víctimas de violencia sexual e intrafamiliar, encontró que entre el 34 por ciento y el 50 por ciento de las denuncias hechas a la Policía se resuelven vía arreglos extrajudiciales. Unicamente el 12 por ciento de los casos se remiten a los juzgados locales y de distrito competentes. En el 43 por ciento de ellas no hubo procedimiento legal porque la denunciante abandonó el caso. (Fuente: Informe Nacional Nicaragua sobre la situación de la violencia de genero contra las mujeres, PNUD, marzo 1999)
· Datos sobre violación
De las violaciones, tentativas de violación y violaciones frustradas ocurridas los años 1995 y 1998, el 94 por ciento de los casos fueron esclarecidos. El concepto de esclarecimiento para la policía significa que la denuncia ameritó que se iniciaran las investigaciones encontrándose pruebas que permitieran llevar el proceso a la siguiente etapa judicial. (Fuente: Informe Nacional Nicaragua sobre la situación de la violencia de género contra las mujeres, PNUD, marzo 1999).
· Denuncias por acoso sexual
Las denuncias que llegaron a la Policía Nacional por acoso sexual desde 1995 se duplicaron a la fecha de este informe. En 1995 hubo 55 denuncias y en los primeros once meses de 1998 hubo 127 denuncias. (Fuente: Informe Nacional Nicaragua sobre la situación de la violencia de género contra las mujeres, PNUD, marzo 1999).
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PERU
· Comisarías de la Mujer
Actualmente existen cuatro Comisarías de la Mujer en Lima Metropolitana y una en el Callao, además de las otras siete que funcionan en provincias. Cada dependencia policial tiene una Sección Especializada de la Mujer y la Familia. (Fuente: El abordaje intersectorial de la violencia de género: la experiencia de Perú, Silvia Loli Espinoza, Ministerio de Promoción de la Mujer y del Desarrollo Humano, PROMUDEH, junio 2001).
· Algunas cifras
Un estudio cualitativo de 1995 indica que seis de cada diez mujeres son golpeadas. El mayor índice de maltrato se produciría en la relación de pareja (74 por ciento). La persona más maltratada en la familia es la mujer (60 por ciento de los casos). El tipo de maltrato más alto es la agresión física (76 por ciento), la que generalmente ocurre en estado de sobriedad del agresor. (Fuente: Violencia intrafamiliar: los caminos de las mujeres que rompieron el silencio. Un estudio cualitativo de la ruta crítica que siguen las mujeres afectadas por la violencia intrafamiliar. Loli, S. y Rosas, M. I, OPS. Lima: 1998).
· Desplazadas por la violencia
Un informe publicado recientemente, señala que entre 1993 y 1994, más de 600 mil personas de los Andes y de la Selva tuvieron que huir de sus hogares por la violencia. Datos recogidos por la Mesa de Desplazados de Lima, indican que alrededor de 430 mil personas estarían en esa condición actualmente. El mismo informe llama la atención sobre las mujeres desplazadas y en especial de aquellas que decidieron retornar a sus lugares de origen, pues el porcentaje de jefas de hogar en zonas de repoblamiento es de un 33 por ciento y el de jefas de hogar viudas es de 26 por ciento. De este último porcentaje, el 75 por ciento está en edad fértil, habla sólo quechua y la mayoría es analfabeta. (Fuente: Miroslavic, D., en: Vidas sin violencia. Nuevas voces, nuevos desafíos, Isis Internacional, 1998).
· Negociación de conflictos de parejas
Una encuesta realizada en 1997 a 359 mujeres del área de Lima Metropolitana, mostró que la negociación como modo de manejar los conflictos en la pareja aparece en el 100 por ciento de los casos, independientemente de si se trata de pobres o no pobres. Esto significa que en algún momento todas las parejas negociaron o intentaron negociar soluciones. (Fuente: Encuesta sobre la Violencia Doméstica sobre la Mujer. Instituto de Estudios Peruanos-Cuánto S. A., Lima, 1997).
· Casas de refugio
La primera casa de refugio, La Voz de la Mujer, fue creada en marzo de 1982 en Lima. Esta subsiste gracias a la solidaridad de mujeres y hombres y de instituciones públicas y privadas. (Fuente: Boletín N° 16 de la Red Feminista Latinoamericana y del Caribe contra la Violencia Doméstica y Sexual/ IsisInternacional, 1997).
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PUERTO RICO
· Violencia doméstica en jóvenes
Unas 11.450 mujeres menores de 20 años informaron a la Policía de Puerto Rico haber sido víctimas en incidentes de violencia doméstica entre los años 1990 a 1996. Esto representa un 10 por ciento de todas las mujeres perjudicadas en incidentes de violencia doméstica.
Fuente: Coordinadora Paz para la Mujer. La relación de pareja entre jóvenes. www.pazparalamujer.org/relacion-pareja-jovenes.htm
· Violación de jóvenes y niñas
Las estadísticas del servicio del Centro de Ayuda a Víctimas de Violación durante el año 1996 reflejan que el 83 por ciento de los casos atendidos eran mujeres o niñas. El 60 por ciento de ellas era menor de 20 años.
Fuente: Coordinadora Paz para la Mujer. La relación de pareja entre jóvenes. www.pazparalamujer.org/relacion-pareja-jovenes.htm
· Denuncias por violencia doméstica
En Puerto Rico entre enero de1990 y el 30 de abril de 1999 se informó de 164.657 incidentes de violencia doméstica y se expidieron 23.259 órdenes de protección.
Fuente: Policía de Puerto Rico. Preparado por César Cruz Rodríguez. Ver cuadros en www.design2net.com/cam/stats/stat_27.htm y www.design2net.com/cam/stats/stat_28.htm
· Otros datos de violencia doméstica
Entre enero y junio del 2001, hubo un total de 8,492 incidentes de violencia doméstica en Puerto Rico.
Fuente: Coordinadora Paz para la Mujer. ¡aquí no se tolera la violencia doméstica!. Lo que todos/as debemos saber acerca de la violencia doméstica en el lugar de trabajo. www.pazparalamujer.org/vd-lugartrabajo.htm
· Casos de femicidio
Entre 1990 y 1999 fueron asesinadas 337 mujeres a manos de sus parejas.
Fuente: Policía de Puerto Rico. Preparado por César Cruz Rodríguez. Ver cuadro en www.design2net.com/cam/stats/stat_32.htm
· Maltrato conyugal
En los hallazgos de la encuesta reproductiva de Puerto Rico se menciona que del total de mujeres entrevistadas de entre 15 y 49 años (las que tienen o tenían pareja) el 48,19 por ciento reportó haber sufrido maltrato. De éste (48,19 por ciento) el 16 por ciento de las mujeres alguna vez casadas o unidas, de entre 25 y 34 años, informó haber sido empujada, golpeada o insultada. Un 34 por ciento de entre 15 y 24 años y un 48 por ciento de entre 35 y 49 años informó algo similar.
Fuente: Encuesta de Salud Reproductiva 1995-1996. Resumen de los hallazgos. Escuela Graduada de Salud Pública. Recinto de Ciencias Médicas. Universidad de Puerto Rico. Mayo 1998.
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REPUBLICA DOMINICANA
· Prostitución
Marianne Van der Ber, en su estudio sobre tráfico y prostitución de mujeres de la República Dominicana, plantea que más del 50 por ciento de las mujeres que trabajan en prostitución en las grandes ciudades de Holanda provienen de ese país. (Fuente: Luciano, Dinnys, Centro de Apoyo Aquelarre, 1996).
· Maltrato infantil
De acuerdo a información registrada en el Hospital Robert Reid Cabral, entre febrero de 1994 y febrero de 1995, de 138 casos de niñas/os agredidas/os, 40 de ellos (29,98 por ciento) fueron quemados con agua caliente, 19 (13,66 por ciento) sufieron quemaduras por llamas; 11 (7,97 por ciento) fueron heridas a bala y 27 por otro tipo de agresiones. El 28,26 por ciento de los casos corresponde a niñas/os de entre 3 y 5 años de edad; el 21,7 por ciento a niñas/os de entre 9 y 11 años, y el 20 por ciento a niñas/os de entre 3 meses y dos años. El 47,82 por ciento fue agredido por la madre. (Fuente: Quehaceres, Centro de Investigación para la Acción Femenina, CIPAF, agosto 1997).
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URUGUAY
· Violencia en la pareja
Un estudio realizado en Montevideo y Canelones mostró que el 46,4 por ciento de las mujeres encuestadas vivía algún tipo de violencia en su relación de pareja. Aproximadamente un 36 por ciento de las entrevistadas sufría violencia psicológica, y un 10,8 por ciento experimentó violencia física y sexual. (Fuente: Traverso, María Teresa. Violencia en la pareja. La cara oculta de la relación. Washington D.C.: BID, 2001).
· Reporte a la Policía y a los Tribunales
El estudio anterior mostró que el 25 por ciento de las mujeres encuestadas denunció el abuso ante la policía y que el 20 por ciento lo hizo en los tribunales. Sin embargo, el 75 por ciento de las víctimas dijo que el haber denunciado el hecho de violencia no ayudó a resolver el problema. De las mujeres que denunciaron, el 71 por ciento lo hizo inmediatamente después del episodio de violencia o durante el mes siguiente de la ocurrencia. (Fuente: Traverso, María Teresa. Violencia en la pareja. La cara oculta de la relación. Washington D.C.: BID, 2001).
· Servicio telefónico de asistencia a la mujer en situación de violencia doméstica
Entre octubre de 1992 y diciembre de 1998 el servicio telefónico de la Intendencia Municipal de Montevideo recibió 30.894 llamadas por violencia doméstica. En 1999 recibió 5.977 llamadas, en el 2000 recibió 4.954 y en el 2001 recibió 5.468 llamadas, lo que hace un total de 47.293 llamadas desde su creación en 1992. (Fuente: Intendencia Municipal de Montevideo. Comisión de la Mujer. Informe sobre llamadas al Servicio Telefónico de Asistencia a la Mujer en Situación de Violencia Doméstica. Comisión de la Mujer: Montevideo, 2002).
· Características de las llamadas al servicio telefónico
En octubre de 1997 el servicio telefónico de la Intendencia Municipal de Montevideo registró 367 llamadas, de las cuales 218 correspondieron a casos de violencia doméstica. En 147 casos hubo violencia, y en 70 hubo amenazas seguidas de violencia. En 242 casos la respuesta del servicio fue la derivación hacia ONG y otros organismos públicos y privados que trabajan con mujeres que viven violencia. (Fuente: Traverso, María Teresa. Violencia en la pareja. La cara oculta de la relación. Washington D.C.: BID, 2001).
· Comisaría de la Mujer y la Familia
Entre enero y octubre de 2001 se registraron 951 denuncias por violencia doméstica. Como consecuencia de ello, 596 personas fueron derivadas al sistema judicial siendo juzgadas sólo 15 de ellas. Durante ese período fueron requisados 19 revólveres, seis pistolas, dos rifles, una carabina y un cuchillo. (Fuente: Traverso, María Teresa. Violencia en la pareja. La cara oculta de la relación. Washington D.C.: BID, 2001).
· Sistematización de consultas por violencia doméstica
De las 956 consultas realizadas en el año 2000 a la Casa de la Mujer de la Unión por violencia doméstica se sistematizaron 247 situaciones. El seguimiento mostró que las mujeres que solicitaron ayuda pertenecen a todas las edades y que la mayoría tenía entre 30 y 40 años. El 57 por ciento de las víctimas tenía menos de 40 años. En el 77 por ciento de los casos el autor de la violencia era el marido, concubino o novio. En el 43 por ciento de los casos la duración de la cohabitación era inferior a diez años, y en el 49 por ciento de los casos entre 11 y 30 años de convivencia. (Fuente: Cafaro, Laura; DeArmas, Estela; Niset, Claire; Simois, Mabel. Violencia doméstica: “para desaprender lo aprendido”. Montevideo: Casa de la Mujer de la Unión, noviembre 2001).
· Formas de violencia
La sistematización de la Casa de la Mujer de la Unión mostró que las mujeres relatan variadas formas de violencia, entre ellas los mecanismos de control e insultos (74 por ciento), los golpes (60 por ciento), las amenazas de muerte o con armas (39 por ciento), la violencia económica (30 por ciento), la violencia con los hijos (20 por ciento), la infidelidad (15 por ciento) y la violencia sexual (13 por ciento). (Fuente: Cafaro, Laura; DeArmas, Estela; Niset, Claire; Simois, Mabel. Violencia doméstica: “para desaprender lo aprendido”. Montevideo: Casa de la Mujer de la Unión, noviembre 2001).
· Cifras de violencia doméstica recogidas por La República de las Mujeres
En el año 2001, el suplemento del Diario La República reportó 29 muertes por violencia doméstica, nueve intentos de femicidio, 44 violaciones y 16 hombres que se suicidaron o intentaron suicidarse después de matar a su pareja. (Fuente: Comisión Nacional de Seguimiento de Beijing. Estado actual del proyecto de ley sobre violencia doméstica en el Uruguay. Montevideo, 2001).
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VENEZUELA
· Violencia sexual
Los casos de violencia sexual para todo el país en 1995 fueron alrededor de 75.530, según una proyección de los datos estadísticos recogidos por la Comisión Bicameral del Congreso de la República (Fuente: Asociación Venezolana para una Sexualidad Alternativa/PNUD. Violencia de género contra las mujeres: situación de Venezuela. Caracas: Editorial Nueva Sociedad, 1999).
· Delitos sexuales
En 1997 se registraron 7.426 delitos sexuales (violación, seducción, rapto, incesto, entre otros), en los cuales las víctimas fueron mujeres, lo que indica que diariamente fueron violadas 11,9 mujeres en ese país. Esta cifra, entregada por la División de Estadísticas del Cuerpo Técnico de la Policía Judicial, se basa solo en las denuncias hechas ante los organismos policiales, de manera que se considera que es un subregistro del problema puesto que muchas mujeres no efectúan la denuncia por las múltiples dificultades que ello entraña
(Fuente: Asociación Venezolana para una Sexualidad Alternativa/PNUD. Violencia de género contra las mujeres: situación de Venezuela. Caracas: Editorial Nueva Sociedad, 1999).

Las cifras de la Policía Técnica Judicial también revelan que entre 1989 y 1993 fueron denunciados 41.401 delitos sexuales en todo el país mientras que entre 1994-1997 el número de casos fue de 29.471
(Fuente: Asociación Venezolana para una Sexualidad Alternativa/PNUD. Violencia de género contra las mujeres: situación de Venezuela. Caracas: Editorial Nueva Sociedad, 1999).
· Violación
De las 539 denuncias recibidas en 1995 por violación en el área metropolitana de Caracas, en el 64 por ciento de los casos el agresor fue un familiar, un amigo, un vecino o un conocido de la víctima; el 45,26 por ciento de las violaciones ocurrió en la residencia de la víctima; en el 74,25 por ciento de los casos, la persona agredida fue sometida por la fuerza física o por arma de fuego. Las edades de las víctimas eran de 0 a 60 y más años, concentrándose el 71,82 por ciento de los casos en el rango de 0 a 19 años. Por su parte, las edades de los victimarios oscilaban entre los 10 y los 60 o más años, concentrándose el 65,82 por ciento entre los 15 y los 24 años. La investigación fue realizada en 1995 por el Instituto Universitario de Policía Científica (IUPOLC) (Fuente: Asociación Venezolana para una Sexualidad Alternativa/PNUD. Violencia de género contra las mujeres: situación de Venezuela. Caracas: Editorial Nueva Sociedad, 1999).
· Agresiones sexuales
Entre 1994 y 1998, la ONG Asociación Venezolana para una Educación Sexual Alternativa (AVESA) atendió 1.992 casos de mujeres, niñas y niños víctimas de algún tipo de agresión sexual. Alrededor del 40 por ciento de esos hechos ocurrieron en lugares privados (Fuente: Asociación Venezolana para una Sexualidad Alternativa/PNUD. Violencia de género contra las mujeres: situación de Venezuela. Caracas: Editorial Nueva Sociedad, 1999).
· Impunidad y reincidencia en violencia doméstica
El 40 por ciento de los casos de lesiones atendidos en centros asistenciales del área metropolitana, fue por violencia contra la mujer dentro del hogar. De esta cifra, un 89 por ciento correspondía a mujeres que ya se habían presentado alguna vez por las mismas razones. El estudio "La criminalidad en Caracas" (San Juan,1997a), señala que esto se explica por la impunidad judicial que existe para los agresores, ya que son puestos en libertad sin ningún tipo de sanción (Fuente: Asociación Venezolana para una Sexualidad Alternativa/PNUD. Violencia de género contra las mujeres: situación de Venezuela. Caracas: Editorial Nueva Sociedad, 1999).
· Historial de violencia en la pareja
La Casa Municipal de la Mujer del Distrito Federal, que ofrece asistencia a la mujer maltratada (procedente de la Parroquia Sucre y del área metropolitana en general), analizó 4.200 casos recibidos entre 1985 y 1988 en su sede. En el 87 por ciento de los casos la mujer había decidido romper la relación con su pareja, quien se rehusaba a aceptarlo; 34 por ciento de estos hombres, meses después, volvía a agredirlas; el 44 por ciento de las agredidas había recibido maltrato durante más de seis años y había sido víctima de violencia verbal, psicológica o física de manos de sus compañeros desde el noviazgo o inmediatamente después del matrimonio, al que llegaron por presión familiar, por haber quedado embarazadas sin desearlo. El informe indica que estas mujeres estaban en edad productiva (entre los 19 y 48 años), al igual que sus parejas. Al momento de acudir a la institución tenían, en promedio, entre dos y cuatro hijos. Ambos miembros de la pareja presentaban un nivel educativo bajo (Fuente: Asociación Venezolana para una Sexualidad Alternativa/PNUD. Violencia de género contra las mujeres: situación de Venezuela. Caracas: Editorial Nueva Sociedad, 1999).
· Violencia física y sexual contra las mujeres
Las mujeres atendidas en el Hospital Miguel Pérez Carreño ­que recibe cerca del 80 por ciento de las emergencias por violencia de Caracas­ informaron en un 44,6 por ciento golpizas de parte de sus cónyuges como principal causa de sus lesiones, mientras que un 22,8 por ciento presentó lesiones por ataques de tipo sexual. Finalmente, el estudio (San Juan, 1997b indica que las agresiones ocurren dentro de la casa en un 63,11 por ciento del total de los casos (Fuente: Asociación Venezolana para una Sexualidad Alternativa/PNUD. Violencia de género contra las mujeres: situación de Venezuela. Caracas: Editorial Nueva Sociedad, 1999).
· Violencia contra las adolescentes
En el informe de país "La salud sexual y reproductiva de las y los adolescentes" (1997) se califica la violencia contra las adolescentes como una forma de "muerte lenta": "La violencia que recae sobre la niña adolescente no es tanto la de muerte física sino, antes bien, una violencia invisible, secreta, privada que causa una muerte lenta, que mina su autoestima y su autoconcepto como persona con derechos. Especialmente en materia de sexualidad, le ha caído a la joven el estereotipo de "sexo débil" y es usualmente víctima de coacción, seducción, hasta llegar a diversas formas de abuso y violencia sexual" (Fuente: CORDIPLAN/FNUAP, 1997. Citado por Asociación Venezolana para una Sexualidad Alternativa/PNUD. Violencia de género contra las mujeres: situación de Venezuela. Caracas: Editorial Nueva Sociedad, 1999).
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