sábado, 18 de agosto de 2007

La violencia intrafamiliar

LA VIOLENCIA INTRAFAMILIAR Y SU INCIDENCIA
EN EL DESARROLLO DE NIÑOS Y NIÑAS
PRESENTACIÓN DE LA MINISTRA DEL SERVICIO NACIONAL DE LA MUJER DE CHILE, CECILIA PEREZ DIAZ,
EN XIX CONGRESO PANAMERICANO DEL NIÑO
OCTUBRE 2004

Resumen Ejecutivo

La violencia de género en general y la violencia contra las mujeres en las relaciones de pareja en particular, es un fenómeno histórico presente en gran parte de las culturas humanas, sin límite de edad, clase social, raza, ideologías o religión. Es una realidad todavía escondida, tiene mucho que ver con sociedades en las cuales se sitúa a las mujeres en una posición de inferioridad económica, social, cultural y emocional respecto de los hombres.

Desde hace algunas décadas las distintas expresiones de este tipo de violencia comenzaron a ser concebidas como una violación a los derechos humanos. Sin embargo, en muchos lugares del mundo estos no llegan a ser reconocidos para las mujeres, ni respetado a cabalidad en sociedades donde constitucionalmente han sido proclamados

Los compromisos internacionales en esta materia surgen en la década de los 70, a partir de los primeros estudios e investigaciones que manifiestan la existencia y práctica de verdaderas culturas de violencia contra la mujer en todo el mundo.

Durante esa misma década, la Asamblea General de Naciones Unidas aprueba la Convención Sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer (1979), la cual insta a los Estados Partes a tomar medidas para modificar patrones socioculturales de conducta de hombres y mujeres, eliminar prejuicios y prácticas basadas en la idea de inferioridad/superioridad de cualquiera de los sexos o funciones estereotipadas de género.

A partir de entonces, diversos encuentros internacionales han ido avanzando en la definición de conceptos e instrumentos que permiten identificar y abordar la violencia hacia las mujeres, quedando configurado que la violencia de género es una problemática compleja, cuya existencia se funda básicamente en la desigualdad existente entre hombres y mujeres, desigualdad que es construida culturalmente y que es legitimada y reproducida por las propias estructuras sociales.

La violencia de género asume distintas formas, desde la violencia emocional a la violencia física, desde el acoso u hostigamiento sexual hasta la explotación sexual y tráfico de mujeres y niñas; desde mutilaciones genitales hasta la esclavitud; desde violaciones masivas y torturas sexuales en tiempos de guerra hasta violaciones a mujeres y niñas refugiadas y desplazadas.

Sin embargo, la expresión más común y perversa de la violencia que se ejerce contra las mujeres es la que se da en su entorno afectivo más cercano, particularmente la que ejercen sobre ellas sus parejas. (cónyuges, convivientes, novios).

Existen algunos mitos que se han construido en torno a la Violencia Intrafamiliar que han distorsionado no sólo los debates sobre ella, sino también las formas de abordarla.

Uno de ellos dice relación con la cuestionable oposición que se hace entre lo que corresponde a la “esfera privada” y lo que corresponde a la “esfera pública”, que instala la idea de que existen regímenes jurídicos diferentes para tratar situaciones de violencia contra las personas, según estas se produzcan en el seno de la familia o en un ámbito fuera de ella. Se justifica así que esta esfera privada, donde dominan las relaciones interpersonales, se encuentre en un estado de retraso respecto de la esfera pública y por lo tanto no estaría aún integrada al ámbito del derecho.

No obstante, tanto la historia como la sociología desvirtúan esta hipótesis al sostener que la esfera privada, como tantas otras concepciones culturales, es una construcción social que se diseña a partir del derecho. Se trataría de una especie de excepción respecto del derecho y por lo tanto no representaría un estado anterior al estado de derecho, sino que, por el contrario, representaría un estado posterior creado por el derecho positivo
[1].

Otro mito es la creencia de que los hombres que ejercen violencia contra sus parejas, y/o contra otros miembros de su familia, son enfermos, locos, con problemas de comunicación; alcohólicos, drogadictos, etc. Aunque algunas veces estas situaciones coexisten, la mayoría de las veces se trata de hombres comunes y corrientes que eligen usar un comportamiento violento e intimidante para controlar y dominar a las mujeres. Es importante entonces derribar este mito de la enfermedad, pues el no hacerlo significa no responsabilizar a los hombres de sus acciones, dejando muchas veces a las mujeres y sus hijos en situaciones de mayor riesgo.

Se sabe que las mujeres que sufren violencia por parte de sus parejas pueden desarrollar lo que en alguno estudios se denomina “estrategias de alivio”, como son la ingesta abusiva del alcohol, las drogas y los fármacos. Algunas pueden llegar a cometer delitos menores –como el hurto- con el fin de obtener recursos para su propia sobrevivencia y la de sus hijos, o delitos más graves –como matar a su pareja- como una estrategia de autopreservación.

A menudo los niños y niñas han sido llamados “las víctimas olvidadas” de la violencia intrafamiliar e históricamente quienes tienen responsabilidades legales o programáticas de prevención, protección y atención del maltrato infantil, han visto separadamente el abuso de las mujeres del abuso de sus hijos. Sin embargo, reiteradamente las investigaciones han sugerido que es altamente probable encontrar maltrato infantil en contextos donde las madres de los niños son violentadas
[2].

Así como la Violencia Intrafamiliar tiene un alto impacto en la maternidad, también la tiene en la vida cotidiana de los miles de niños y niñas que directa o indirectamente conviven con ella.

Una mujer que sufre violencia y que por tanto ve afectada su salud y estado físico, mental y emocional tendrá mayor dificultad para dar a sus hijos e hijas la atención, el afecto y los cuidados apropiados. Muchas veces la forma en que una mujer se relaciona con sus hijos puede cambiar radicalmente cuando su pareja se encuentra en casa, lo que a su vez puede generar una tremenda confusión en los niños. Ella puede elegir castigarlos o maltratarlos como una forma de prevenir un abuso aún peor por parte de su pareja, si ella no consigue mantener a los niños disciplinados y bajo las normas de control que él ha impuesto.

Haber presenciado, escuchado o vivido violencia deja a los niños muy asustados, angustiados y ansiosos con respecto a su propia seguridad, a la de sus hermanos y su madre. Las amenazas que puede proferir un agresor son muy reales para los niños, quienes rápidamente aprenden a conocer las consecuencias de dichas amenazas, pueden sentirlas, escucharlas, olerlas y hasta predecirlas. En este contexto, las posibilidades de abuso directo hacia los niños y niñas es más fácil y rápido de conseguir.

Se sabe que alrededor del 60% de los niños que viven con madres agredidas también son o serán directamente abusados por el agresor de sus madres
[3].

Dado que la violencia intrafamiliar es una experiencia de aislamiento brutal para los niños, resistirla y buscar ayuda puede también resultar ser un ejercicio solitario y difícil de concretar. Sufrir cualquier tipo de maltrato involucra un uso indebido del poder y un abuso, por parte del agresor, a la confianza del niño. En estos casos los niños también pueden culpar a la madre no agresora, porque no pueden entender la incapacidad de la mujer para pararse frente a su agresor y enfrentarlo, o para dejarlo.

Los niños y niñas que viven situaciones de violencia intrafamiliar, al igual que sus madres, también desarrollan estrategias de alivio que a la larga pueden tener consecuencias negativas. No asistir al colegio es una de las más recurrentes. Las depresiones, el consumo de alcohol y drogas, participación en riñas callejeras y conductas autodestructivas son las estrategias de alivio más usadas por los niños y niñas en edades menos dependientes de sus madres.

Las formas más habituales de maltrato infantil –o violencia contra niños y niñas- son: La negligencia, el maltrato físico, el abuso sexual, la violación y el maltrato emocional.

De acuerdo a estudios realizados en distintos países de América Latina, la mayoría de los casos de maltrato infantil tienen como responsable de ellos a la madre de los niños. Estudios en Chile corroboran esto, como lo hace también un estudio realizado el año pasado, en México, donde se constató que un 68% de los casos denunciados habían sido cometidos por las madres, versus un 32% cometidos por los padres
[4].

Respecto de esta materia, se sostiene que las madres aparecen como más maltratadoras de sus hijos porque son las que permanecen más tiempo con ellos, a diferencia de los padres que suelen estar la mayor parte del tiempo fuera de la casa. Esta hipótesis debería ser revisada, analizada y complementada a la luz de toda la información que hoy existe sobre la violencia de género y la violencia doméstica en particular. Los antecedentes recopilados dan cuenta de situaciones mucho más complejas, necesarias de conocer al momento de evaluar quién puede proteger mejor el desarrollo integral y el bienestar de los niños y de qué manera se puede apoyar a quienes deberían ser los garantes principales del cumplimiento pleno de sus necesidades de desarrollo y de sus derechos.

Hecha la relación que existe entre violencia intrafamiliar y maltrato infantil, lo más efectivo al momento de pensar en mecanismos de protección para los niños, independientemente de qué miembro de la pareja o de la familia aparezca como el o la causante del maltrato, lo más efectivo será proteger, apoyar, fortalecer y empoderar a la mujer-madre maltratada.

También se debe trabajar con los hombres abusadores. Ellos deben dejar de ver a sus hijos (o a los hijos de sus parejas) como extensiones de las mujeres o como pseudo personas frente a los cuales no tienen responsabilidad respecto de sus necesidades de cuidado, desarrollo, respeto y cumplimiento de derechos. Nuestras sociedades deben considerar recursos, políticas y mecanismos de apoyo para ellos, especialmente cuando ese apoyo tenga una consecuencia directa en lo que conocemos como “el Interés superior del niño”.

Los niños, niñas y adolescentes que han sido víctimas o testigos de violencia intrafamiliar, a menudo presentan problemas de conducta, trastorno de aprendizaje, bajo rendimiento escolar, tendencia al aislamiento, timidez e introversión.

Consideraciones finales

La violencia contra las mujeres, particularmente la que viven a manos de sus parejas, constituye un grave problema de violación de los Derechos Humanos, representando un obstáculo para el desarrollo de las sociedades democráticas. Se estima que las desigualdades de género y su expresión más dramática, la violencia de género, son unas de las últimas barreras que la humanidad deberá derribar para avanzar hacia la equidad y la paz. Lograr este cambio incluye la transformación de actitudes y prácticas en todas las sociedades y para todas las personas

La violencia intrafamiliar da cuenta, a lo menos de tres efectos que la hacen particularmente preocupantes:

i. al ser relacional tiende a perpetuarse, ya que se hace parte de la organización familiar,
ii. al estar instalada en los vínculos afectivos más íntimos sus consecuencias son más dañinas para las personas involucradas, y
iii. al ocurrir en un espacio que consideramos privado, la respuesta social se hace más difícil.

Es importante que los Estados comprendan que la violencia que sufren las mujeres las priva del ejercicio de sus derechos como ciudadanas, y que a los actos mismos de violencia se suman las condiciones en que se producen, que son de tal naturaleza “que resulta difícil implementar recursos de control social capaces de regular e impedir esas prácticas, las que por lo tanto, tienden a repetirse”.
[5]
Es indispensable abordar el tema de la Violencia Intrafamiliar con perspectiva de género, especialmente con los niños y niñas y desde las edades más tempranas, de manera que con ellos, desde ellos y entre ellos, se vayan reconstruyendo referentes de género renovados, equitativos y democráticos, que tengan impacto no sólo en sus vidas psicológicas y emocionales de niños, sino también en sus conductas y relaciones de adultos.


Santiago de Chile, Octubre 2004


[1] Delphy, Christine, “El estado de excepción: la derogación del derecho común como fundamento de la esfera privada”, en Nuevas Cuestiones Feministas, 16, 1995, n° 6, pag. 73-116

[2] Stark, E and Flitcraft, A (1988) Women and Children at Risk: a Feminist Perspective on Child Abuse, in International Juornal of Health Service, 18 (1) pp. 97-118
[3] Bullock K. Shorstein S. Improving Medical Care for Victims of Domestic Violence. Hospital Physicians 1998; 34(9):42-58
[4] Programa de Prevención del Maltrato al Menor, Sistema DIF Jalisco, estudio realizado durante los años 1995, 1997 y 2001.
[5] Ravazzola, Ma. Cristina: Historias Infames: los maltratos en las relaciones. Ed. Piados, Bs. As. 1997.

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