lunes, 3 de septiembre de 2007

Causas, indicadores y medidas de protección

CAUSAS

La causa de la aparición y mantención de la violencia intrafamiliar es compleja y multifactorial, se relacionan con ella actitudes socioculturales como la desigualdad de género, las condiciones sociales, conflictos familiares, conyugales y los aspectos biográficos como la personalidad e historia de abusos en la familia de origen.

La historia nos muestra que las formas de maltrato familiar existieron desde la antigüedad en diversas culturas donde los hijos eran considerados propiedad privada de los padres, estos tenían derecho sobre su vida y muerte, pudiendo decretar además su estado de libertad o esclavitud.

Derechos similares poseían los hombres sobre las mujeres, las que se encontraban ancladas en relaciones de sumisión y dependencia con un limitado rol a nivel social y donde la violencia masculina era aceptada y tolerada por la sociedad e incluso por la mujer.

La violencia ha sido y es utilizada como un instrumento de poder y dominio del fuerte frente al débil, del adulto frente al niño, del hombre frente a la mujer, su meta es ejercer control sobre la conducta del otro, lo cual se evidencia en los objetivos como "disciplinar", "educar", "hacer entrar en razón", "poner límites", "proteger", "tranquilizar", etc., con que quienes ejercen violencia y también muchas víctimas intentan justificarla.

La estructuración de jerarquías que avalan el uso de la fuerza como forma de ejercicio del poder es uno de los ejes conceptuales del proceso de naturalización de la violencia el cual históricamente ha dificultado su comprensión y reconocimiento al instaurar pautas culturales que permiten una percepción social de la violencia como natural y legítima favoreciendo su mantención.

La naturalización de la violencia suele materializarse en expresiones populares o mitos que recogen la pauta cultural. La fuerza del mito radica en que es invulnerable a las pruebas racionales que lo desmienten, de ese modo las víctimas suelen quedar atrapadas en medio de un consenso social que las culpabiliza y les impide ser concientes de sus derechos y del modo en que están siendo vulnerados.

Las instituciones no son ajenas a la construcción de significados que estructuran nuestro modo de percibir la realidad y contribuyen a naturalizar la violencia, pasaron siglos antes de que existieran leyes de protección a las víctimas; las instituciones educativas durante gran parte de la historia utilizaron métodos disciplinarios que incluían el castigo físico; en variadas organizaciones se resisten aún a reconocer el efecto de la violencia sobre la salud física y psicológica de las personas; los medios de comunicación continúan exhibiendo violencia cotidianamente.

Todo ello, junto a la transmisión de los estereotipos de género a lo cual también contribuye la familia, forma un conjunto de acciones y omisiones que tiene como resultado la percepción de la violencia como un modo natural de resolver conflictos interpersonales y sienta las bases para el desequilibrio de poder que se plantea en la constitución de sociedades privadas como el noviazgo, el matrimonio y la convivencia.

De igual forma, el proceso de invisibilización del problema de la violencia, relacionado con variados obstáculos epistemológicos (fundamentos y métodos del conocimiento científico) ha estructurado las dificultades para identificarla y ha permitido perpetuarla.

El proceso de invisibilización considera que para que un fenómeno resulte visible deben existir inscripciones materiales que lo hagan perceptible, a su vez el observador (en este caso el campo social) debe disponer de las herramientas o instrumentos necesarios para percibirlo.

Respecto a las acciones violentas y sus consecuencias, durante la mayor parte de la historia solo se consideraron los daños materiales producidos, de esta forma en los casos de violencia interpersonal, se consideró como daño sólo aquél que tuviera una inscripción corporal permaneciendo invisibles todas aquellas formas de maltrato que no eran sensorialmente perceptibles. De hecho las primeras referencias a las víctimas de la violencia en las relaciones privadas utilizaron terminología referida exclusivamente al maltrato físico (Kempe, H., Síndrome del Niño Apaleado. JAMA, Cincinnati, 1962; Lenore E. Walter, Síndrome de la Mujer Golpeada. Harper Colophon Books, Nueva York, 1979).

La histórica y sesgada visión de la familia y su realidad, entendida como el espacio privado por excelencia y definida en un contexto idealizado como proveedora de seguridad, alimentación, afecto, límites y estímulos; retrasó en muchos años la posibilidad de visualizar la otra cara de la familia, como un entorno potencialmente peligroso en el cual también se pueden violar los derechos humanos, experimentar miedo e inseguridad y en el que se aprende la resolución violenta de conflictos interpersonales.

En el campo social, la invisibilización estuvo directamente vinculada con la ausencia de herramientas conceptuales que permitieran identificarla, definirla y establecerla como objeto de estudio, se ignoró su existencia hasta que las investigaciones específicas, conjuntamente con los cambios sociales de las últimas décadas respecto al papel de la mujer, tanto en el ámbito privado (pareja, familia) como público (laboral, social), hacia una relación más igualitaria con el hombre la sacaron a la luz, mostrando su magnitud, formas y consecuencias. Esto permitió una mayor sensibilidad social respecto al problema, una mayor conciencia de la mujer y víctimas en general respecto a sus derechos y su papel en la pareja y la familia y ha dejado de considerarse un "asunto privado" para empezar a reconocerse como un problema social.

Al referirse a la mantención de la violencia intrafamiliar no se puede dejar de mencionar el retraso o la ausencia de las denuncias que impiden determinar la real magnitud del problema, detener el ciclo y su avance. Como causas de la demora se esgrime: la esperanza de la víctima de que la situación cambie, el miedo a represalias, la vergüenza ante la sensación de fracaso o culpa, la tolerancia a los comportamientos violentos, la dependencia económica de la víctima respecto a su pareja, su situación psicológica, sentimientos de ambivalencia o inseguridad, miedo e ignorancia del aparato judicial y los servicios de protección y la falta de apoyo familiar, social o económico.

Evidentemente la violencia intrafamiliar no es un problema nuevo aunque sin duda es cada vez más próximo. Junto con lo expuesto coexisten muchas razones mediante las cuales se intenta explicar, y los agresores justificar, el maltrato, como los problemas económicos, el stress o cansancio, la ignorancia respecto a como criar y educar a los hijos o cuidar y atender a los discapacitados y adultos mayores, sin embargo estas situaciones de especial vulnerabilidad no originan el maltrato aunque si representan factores de riesgo para su aparición y mantención.

En general podrá considerarse que los dos factores epidemiológicos o circunstancias más importantes que pueden indicar aumento del riesgo para la aparición de violencia intrafamiliar son la relación de desigual y desequilibrio de poder en las relaciones humanas, principalmente entre el hombre y la mujer, tanto en el ámbito personal como social y la existencia de una cultura que supone la aceptación de la violencia en la resolución de conflictos.

INDICADORES DE MALTRATO

La violencia intrafamiliar es un problema social que todos debemos conocer y enfrentar, afecta a un alto porcentaje de familias, sin distinción de niveles sociales, económicos o culturales. A las víctimas les cuesta mucho relatar lo que les sucede pues tienen miedo, vergüenza y por lo general, tienden a culparse de la situación.

Desde la posición de víctima suele ser fácil detectar las acciones de maltrato físico o sexual pues producen dolor y daños evidentes. Detectar la violencia psicológica o emocional puede ser mas complejo porque a menudo desarrollamos mecanismos psicológicos que ocultan la realidad cuando esta nos resulta excesivamente desagradable, sin embargo el sorprenderse realizando determinados actos o en ciertas situaciones puede evidenciar el hecho.

Si sufres en silencio una situación dolorosa, esperas que las cosas se solucionen por sí mismas o que el agresor deponga espontáneamente su actitud; si deseas que alguien acuda en tu ayuda; si te sorprendes haciendo algo que no quieres hacer, que va contra tus principios o que te desagrada y te sientes incapaz de negarte o; si has llegado a la conclusión de que la situación dolorosa que sufres no tiene solución y que lo mereces porque te lo has buscado; podrías considerar que estás siendo víctima de abuso, manipulación y/o acoso psicológico.

Detectar la violencia, física y/o emocional, que sufre otra persona es generalmente más fácil si nos preocupamos de observar y escuchar. Todos los seres humanos expresamos los sufrimientos, temores o problemas de algún modo. Muchas víctimas no delatarán a su agresor abiertamente por temor a represalias o a empeorar la situación, es el caso de mujeres y niños que además dependen de él. Otras, como los ancianos o los discapacitados, pueden no contar con la capacidad de expresión para denunciar lo que les sucede, sin embargo existen varios indicadores o señales que permiten detectar una posible situación de violencia intrafamiliar.

Indicadores físicos: Los indicadores físicos son frecuentemente más visibles, aparecen en forma de lesiones físicas, generalmente múltiples, hematomas, arañazos, mordeduras, quemaduras e irritaciones en la piel, marcas y cicatrices en el cuerpo, fracturas, dislocaciones, torceduras, movilidad y/o pérdida de los dientes. Si la víctima ha sido abusada sexualmente pueden presentar además enfermedades de transmisión sexual, irritaciones o hemorragias en la zona genital o anal y dificultad para caminar o sentarse, situación que es aún más evidente cuando el afectado es un niño(a).

Cuando el maltrato consiste en el abandono o la falta de atención a las necesidades físicas suelen haber síntomas de desnutrición, deshidratación, falta de higiene corporal y dental y enfermedades, generalmente de tipo respiratorio o dermatológico de frecuente aparición en ancianos, discapacitados y niños que carecen de cuidados.

Indicadores emocionales y conductuales: Estos indicadores se presentan en forma de llanto, sentimientos de culpa o vergüenza, temor, tristeza, angustia, depresión, ansiedad, insomnio, irritabilidad, cambios de humor, olvidos o falta de concentración, confusión, desorientación y aislamiento, enfermedades como la anorexia y la bulimia, baja autoestima, ideas o conductas suicidas.

Cuando la víctima es un niño(a) pueden presentarse además problemas en el lenguaje, cambios bruscos e inesperados de conducta, temor al contacto con adultos o rechazo a determinadas personas o situaciones, resistencia al contacto físico, alteraciones del sueño, del apetito o de la evacuación, agresividad, retraimiento, aislamiento, erotización de la conducta y de las relaciones, baja inesperada del rendimiento escolar, lenguaje y comportamientos que denotan el conocimiento de actos sexuales inapropiados a su edad y fugas del hogar. Se debe estar atento además a expresiones como: "Estuve solo todo el fin de semana", "mi hermano no me dejó dormir anoche", "la niñera me estuvo molestando", "El Sr. X usa calzoncillos divertidos" que puedan dar señales indirectas de abuso.

Una víctima de maltrato físico o emocional, convencida de que su caso no tiene solución, puede desarrollar mecanismos de defensa, inconscientes y mecánicos, para adaptarse a la situación y lograr su supervivencia, existen varios indicadores en su forma comportarse:

Mantiene una relación con su agresor al que agradece intensamente sus pequeñas amabilidades; suele negar que haya violencia contra ella y si la admite la justifica; niega que sienta ira o malestar hacia el agresor; está siempre dispuesta a mantenerlo contento; intenta averiguar lo que piensa y lo que desea, llegándose a identificar con él. Cree que las personas que desean ayudarla están equivocadas y que su agresor tiene la razón y la protege. Le resulta difícil abandonarlo y tiene miedo de que regrese por ella aún cuando este se encuentre en la cárcel o incluso muerto.

El reconocimiento de estos síntomas puede permitir la identificación, el tratamiento precoz y la prevención de problemas futuros, por lo que ante la menor aparición o sospecha de maltrato es imprescindible una seria investigación, si bien esta corresponde a las autoridades, todos podemos y debemos tomar ciertas medidas de reacción.
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MEDIDAS DE PROTECCIÓN

La mejor y primera medida que debería tomar cualquier persona para protegerse y evitar un nuevo incidente de violencia intrafamiliar es denunciar el hecho. La ley está para ayudarle, generalmente el juez podrá ordenarle al agresor que abandone la casa, el pago de pensión alimenticia temporal para sus hijo(as) y otras medidas que evitarán que el agresor se le acerque.

Sin embargo, si no se siente preparada o existe alguna otra razón que siente le impiden abandonar a su agresor, hay ciertas acciones factibles de realizar para poner a su familia y a usted a salvo. Para minimizar las consecuencias debe preparar algunas condiciones de seguridad y actuar de acuerdo a un plan de acción ante un incidente violento, así usted solo deberá cumplirlo evitando que el temor domine o nuble sus decisiones.

Condiciones de seguridad

Las siguientes son las condiciones de seguridad que debe adoptar:

Tratamiento de armas: Primeramente de manera muy cuidadosa y evitando manipularla, preferentemente cuando esté sola en casa, saque cualquier arma que allí se encuentre, entréguela a la policía argumentando el temor a su seguridad o, como último recurso, escóndala o entiérrela asegurándose que no sea encontrada por terceros o por el agresor, evite entregarla a otra persona o familiar pues lo involucraría en un acto ilegal al no poseer los permisos correspondientes para la posesión. Nunca se quede con el arma para su propia defensa ya que el agresor podría arrebatársela y usarla en su contra o, de acuerdo a sus consideraciones morales, quizás usted no sea capaz de utilizarla y si lo hace puede tener consecuencias psicológicas aún más graves que la misma violencia, además legalmente no sería considerado como legítima defensa sino como un acto premeditado.

Números telefónicos: Memorice los números de teléfonos de emergencia y de familiares, no es conveniente que los grabe o escriba en los teléfonos de la casa pues su agresor podría detectarlos, sospechar y desencadenar una agresión.

Aspectos de seguridad: Instale, en al menos una habitación, una cerradura o chapa que pueda cerrarse por dentro, utilice un sistema de seguro con perilla o botón, evitando las llaves pues podría llevarle demasiado tiempo asegurar la puerta. Asegúrese de que esta habitación tenga teléfono o, preferentemente, obtenga un teléfono móvil (celular) y preocúpese de mantenerlo siempre con usted. Instale las nuevas cerraduras cuando el agresor no se encuentre en el hogar y trate de que sean semejantes, por ejemplo en el color, a las que ya posee, de esta manera quizás él no se percate del cambio y usted tendrá un factor sorpresa a su favor, de lo contrario si le reclama, sospecha o pregunta al respecto, dé explicaciones argumentando la privacidad de la pareja u ofertas comerciales.

Equipaje de emergencia: Prepare un bolso o maleta con al menos una tenida o muda de ropa y zapatos, incluya copias de documentos importantes como los de identidad de usted y sus hijos, certificados de nacimiento y cuenta bancaria, si posee algún vehículo guarde también una copia de la llave, no olvide incluir dinero en efectivo, las direcciones y teléfonos de familiares y amigos, ni cualquier otra cosa que pueda ser de utilidad o importancia en caso de tener que salir rápidamente (como medicamentos de los que pueda depender). Guarde el bolso en un lugar seguro fuera de su casa, de preferencia en el mismo que seleccionará como refugio temporal.

Refugio: Identifique un lugar a donde ir en caso de que tenga que escapar. La casa de un familiar o amigo(a) de extrema confianza puede servirle para este propósito, evite seleccionar los hogares de amigos o conocidos que tengan en común con su agresor. Una vez identificado el lugar converse y acuerde con el anfitrión de su refugio temporal (mientras obtiene usted obtiene refugio y atención legal) métodos de comunicación, horarios y otros para evitar descoordinaciones.

Ruta de escape: Identifique las ventanas y puertas por las que sea factible salir de su casa, luego planifique más de una ruta de escape, así evitará improvisar en caso de que su agresor bloquee alguna salida.

Coordinación vecinal: Si confía en algún o algunos vecinos, tanto como para estar segura d
e que no le contarán a su agresor, coordine con ellos señales o claves que le indiquen cuando llamar a la policía como determinada posición de las cortinas, luces encendidas o pídales directamente que llamen a la policía si escuchan gritos o peleas.

Enséñele a sus hijos e hijas: Preocúpese de enseñarle a sus hijos e hijas, e incluso a familiares dependientes o semidependientes que vivan con usted, a no interferir en una pelea, ponerse a salvo, llamar a la policía y dar su dirección y número telefónico.

Todas las anteriores son las condiciones de seguridad que usted debe procurar cumplir para que el siguiente plan de acción sea efectivo.
Plan de acción

Cuando comience a ser amenazada, atacada o cuando la agresión sea inminente debe comenzar a poner en práctica las siguientes acciones:

Aléjese de la cocina: Como primera acción aléjese de la cocina y/o muebles donde se guardan cuchillos pues estos pueden ser utilizados como armas.

Aléjese de los espacios cerrados: De igual forma debe alejarse de baños, armarios, áreas con superficies peligrosas y poco espacio o habitaciones pequeñas donde le puedan atrapar.

Corra y escape: Corra sin dirigirse hacia donde están los niños ni otros familiares dependientes o semidependientes que vivan con usted, ya que pueden terminar siendo agredidos también. Gríteles para alertarlos y utilice inmediatamente la ruta de escape previamente planificada, si no puede porque esta ha sido bloqueada, rápidamente diríjase a la habitación donde haya colocado cerraduras o chapas y enciérrese, si la habitación tiene una ventana, escape o grite para pedir ayuda. Si puede evite huir sin los niños, ya que pueden usarse para el chantaje emocional.

Llame a la policía: Tome el teléfono o su teléfono móvil (celular), si el agresor ha cortado la línea telefónica, y llame a la policía, pida y anote o memorice el nombre de la persona que le ha atendido. Cuando acuda la policía cuente lo sucedido y tome el nombre y número de la insignia o placa del agente.

Si todo ha fallado, usted está siendo golpeada y no puede escapar, póngase en una esquina contra la pared y agáchese, acerque la cabeza lo más posible a las rodillas y protéjase la cara y cabeza con las manos y brazos, utilice los codos para cubrir las costillas, al estar contra la pared podrá proteger su espalda, parte trasera de las costillas y órganos como los riñones, ante la menor oportunidad corra y ejecute el plan de acción.

Si ha sido víctima de maltrato físico, busque ayuda médica y denuncie el hecho en cuanto reciba atención, tómese fotos de las heridas o lesiones que tenga. Es muy importante, de cara a futuras actuaciones, que queden formalmente denunciados los hechos. No utilice estas medidas para enfrentar reiteradas agresiones, en general solo podrá ponerlas en práctica una vez, en la próxima ocasión el agresor conocerá su modo de operar y se adelantará a sus acciones.

Si se ha separado de su agresor aún debe mantenerse alerta, cambie las cerraduras de las puertas y ventanas de su casa, de ser posible instale rejas. Cancele cualquier cuenta bancaria o tarjeta de crédito que tenga en conjunto con él. Cambie su número de teléfono, asegúrese de que permanezca como privado y no sea publicado en las guías telefónicas, utilice un identificador de llamadas (caller-id) y una máquina contestadora para grabar los mensajes, revise las llamadas antes de contestar. No olvide preparar las condiciones seguridad y su plan de acción pues podría necesitarlo si el agresor irrumpe en su hogar. Aunque nunca es recomendable enfrentarse a una persona violenta podría tomar un curso de defensa personal, que además le ayudará a mejorar o conservar su estado físico, mejorar su autoestima y confianza en si mismo y liberar el stress.

Si tiene hijos asegúrese de entregar en la escuela una foto del agresor e instrucciones para que el personal no entregue a nadie su dirección o numero de teléfono, deje por escrito los nombres de las personas autorizadas para recoger a sus hijos(as) y asegúrese de que sepan a quien informar si ven al agresor en la escuela.

Cuando se encuentre fuera de casa cambie regularmente su rutina de viaje, haga compras, pagos y transacciones bancarias en distintos lugares. En su lugar de trabajo converse previamente con su empleador y entregue al personal de seguridad y compañeros más cercanos una foto del agresor, cuando salga ya sea a almorzar, a su auto o al transporte pública vaya siempre acompañada. Si el abusador le llama al trabajo guarde los mensajes y cualquier correo electrónico.

Cuando acuda al tribunal vaya en compañía de un familiar o amigo cercano, no lleve a sus hijos. Tome asiento lo más lejos posible del agresor, no converse con él ni con familiares o amigos que pudieran estar acompañándolo. Asegúrese de mostrar al juez y/o al fiscal, directamente o a través de su abogado, las fotos de sus heridas o lesiones, certificados médicos y lista de testigos. Tenga presente que no necesariamente se privará al agresor de visitar a sus hijos, exija por su seguridad que las visitas sean supervisadas y que le notifiquen antes de que lo dejen en libertad. Al retirarse hágalo por una puerta distinta o espere para no hacerlo de manera simultánea.

Recuerde que debe mantenerse siempre alerta, si ha sido víctima de una agresión consulte además las medidas de actuación que puede adoptar.

En aquellos casos en que la víctima sea hombre, si bien goza de los mismos derechos y garantías legales, por ser una situación excepcional es recomendable que además de lo anterior, el agredido: Guarde siempre un registro con las fechas y las circunstancias de incidentes de violencia, señale siempre la violencia a su médico y a la policía, asegurándose de que registren sus lesiones y todos los detalles del acto violento; busque siempre la atención médica en un hospital para constatar lesiones y, fundamentalmente, evite en todo momento actuar o defenderse de manera violenta ante una agresión.

2 comentarios:

kbriones21 dijo...

Buenas Tardes

Me llamo Karen Briones y estudio Pedagogía en Castellano en la Universidad de Playa Ancha. El motivo de este mail es que estoy realizando mi tesis sobre la violencia intrafamiliar presente en la región de valparaíso. Pero, específicamente en los discursos emitidos por mujeres que han sido víctimas de volencia por parte de su pareja. Por lo tanto, le escribo para saber si usted tiene información sobre violencia intrafamiliar, femicidio y la pueda facilitar a esta noble causa.

Me despido esperando una agradable respuesta karen

morada dijo...

Agradezco estas líneas, porque en estos momentos tengo que tomar la dificil mision de irme de mi hogar junto a mi hijo, y presiento que corro mucho riesgo. Mi pareja me agrede psicológicamente, no me ha pegado nunca sin embargo me amenaza, me insulta, me dice garabatos me grita... constantemente y hace mucho tiempo.

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