martes, 20 de noviembre de 2012

Dos millones y medio de niñas sufren al año mutilación de genitales



Más de dos millones y medio de niñas son sometidas al año en el mundo a la mutilación de sus genitales externos, mediante prácticas rituales como la ablación o la infibulación, para preservar su castidad o impedir el placer sexual, lo que les causa graves secuelas físicas y psíquicas.

Fuente: EFE

Por María Galindo

La mayoría de estas niñas vive en los países del oeste de Africa, y son sometidas a dicha práctica entre los 4 y los 14 años, aunque en países como Nigeria, la ablación de clítoris se hace cuando tienen sólo unos meses.

El último informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la ablación de clítoris calcula que son más de 136 millones las mujeres mutiladas en todo el mundo, y que este ritual no es una práctica reducida a la población musulmana.

En países como Eritrea, Etiopía y Egipto, está igualmente extendida en las comunidades cristiana y judía.
UNICEF, la Comisión para la Protección de las Mujeres de Naciones Unidas y la OMS definieron en 1997 esta mutilación como 'cualquiera de las prácticas que conlleven una extirpación total o parcial de los genitales externos femeninos u otras agresiones a los órganos sexuales femeninos por motivos culturales u otros no terapéuticos'.

Naciones Unidas ha clasificado tres tipos distintos de esta mutilación. La primera consiste en la extirpación total del clítoris y, la segunda, en la eliminación total o parcial del clítoris, junto a los labios menores que lo cubren.

Por último, en Etiopía y otras zonas del llamado Cuerno de Africa, se lleva a cabo la infibulación, que consiste en la oclusión de la vagina desde el exterior por una fíbula que mantiene 'cosida' la vulva desde la niñez hasta los eventuales esponsales, lo que provoca la destrucción o la atrofia de clítoris y labios.

El porcentaje de mujeres a las que les han sido extirpados sus órganos genitales externos varía en función de los países.
En Egipto, Eritrea, Gambia, Malí, Sierra Leona o Sudán, el número de mujeres mutiladas en la infancia supera ampliamente el 80 por ciento de su población femenina.

En países como Benin, la República Central Africana, Chad, Guinea-Bisau, Kenya o Nigeria, el número de niñas mutiladas está en torno al 50 por ciento.

El origen de la mutilación genital externa a las niñas hay que buscarlo en las raíces culturales de los pueblos que las practican, anteriores a la implantación de las religiones mayoritarias.

La justificación más extendida es la preservación de la castidad: evitar que la mujer pueda experimentar un 'pecaminoso' placer sexual.

En el caso de la infibulación, se dan, incluso, razones de sentido práctico como 'método protector' de la joven ante el riesgo de posibles violaciones en despoblado, en comunidades donde una de las tareas asignadas a las menores es la de pastorear el ganado.

En otros países, como Kenia, Uganda o Sierra Leona, la función de la ablación del clítoris es diferente: una adolescente puede tener un hijo antes del matrimonio para probar su fertilidad, pero, en el momento en que se casa, es mutilada para evitar la tentación de mantener relaciones extramatrimoniales.

La práctica de la ablación se ha exportado al mundo occidental con la inmigración, algo probado aunque con cifras imprecisas, debido a la clandestinidad de estas prácticas y a la propia ilegalidad de una parte de dicha inmigración.

El Grupo de Mujeres por la Abolición de las Mutilaciones Sexuales (GAMS) en Francia ha calculado que, en 1992, había en su país al menos 27.000 niñas y mujeres a las que se les había practicado la ablación de clítoris en suelo francés.

Según Amnistía Internacional, Gran Bretaña, Estados Unidos, Australia, Italia, Holanda, Suecia o Dinamarca, también registran casos de niñas de las distintas comunidades de inmigrantes procedentes de Africa a las que se les practicó esta mutilación.
En España, dos niñas tuvieron que ser hospitalizadas tras las graves secuelas que les produjeron estas prácticas.

Ambos casos ocurrieron en Cataluña en 1993 y fueron llevados a los tribunales, pero las denuncias no progresaron, porque fue imposible demostrar que las intervenciones se hicieron en España, dada su clandestinidad.

Este es el mismo obstáculo que encuentra la Justicia en todos los países europeos.

La mutilación genital externa genera graves problemas de salud en las niñas, sobre todo por el riesgo de sufrir infecciones (septicemias) y hemorragias, dadas las condiciones insalubres en las que se practican las intervenciones.

Además, según recoge la OMS, la ablación del clítoris provoca problemas menstruales, de fecundidad, aparición de quistes y patologías psicológicas, como ansiedad o depresión, entre otros.

         

Domingo 5 de Mayo de 2002

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