lunes, 1 de septiembre de 2008

El perverso placer de destruir al otro


María Jesús Ribas


Consecuencias de la violencia hogareña

El trato indigno, consistente en acciones destinadas a destruir la fama, el desarrollo y la autoestima de las personas o su integridad moral, causa severos trastornos de ansiedad, depresión y estrés. Las principales víctimas de los intentos de destrucción son las mujeres, las personas de una raza o religión distintas de las mayoritarias, así como los niños, jóvenes y ancianos.

Maltratador vrs maltratado

“¿Alguna vez en tu casa alguien te ha pegado o te ha hecho daño?”, “¿Tienes miedo de alguien en tu casa?”, “¿Has firmado alguna vez documentos que no entendías?”. La respuesta afirmativa a alguna de estas cuestiones planteadas en un cuestionario de la organización Canadian Task Force y que vienen planteando algunos centros médicos a sus pacientes de edad avanzada pueden confirmar la sospecha de un maltrato.

El incremento de la esperanza de vida no significa siempre calidad de vida. Entre un 5 y un 10 por ciento de los ancianos sufre algún tipo de maltrato: la mayoría son mujeres, mayores de 65 años, con carencias económicas y sociales que sufren un deterioro funcional y cognitivo. En más de la mitad de los casos el maltrato lo realizan sus hijos biológicos o políticos.

Este dato expuesto durante un reciente congreso de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria, es sólo una de las múltiples facetas del trato indigno, entendido como todas aquellas prácticas destinadas a destruir la fama, integridad moral y autoestima de las personas, sin razón y de forma reiterada.

Según otro trabajo de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria, la mayoría de las acciones para combatir la violencia contra las mujeres se dirigen a tratar a aquellas con agresiones físicas graves, la parte más llamativa y visible del problema, pero aunque necesarias no son suficientes, pues sólo abarcan al 2 por ciento de las mujeres.

Radiografía del maltrato psíquico

Según sus autoras, en la violencia de género suelen coexistir la violencia física, la psíquica y la sexual, aunque “los estudios se han centrado en la primera, más fácil de medir e identificar. Pero para muchas mujeres, el maltrato psíquico y la degradación son tanto o más intolerables, y tienen consecuencias en la salud y el bienestar similares a las de la violencia física”.

Las tácticas, acciones y campañas de destrucción psicológica y emocional de las personas, y su impacto mental fueron analizadas durante las primeras jornadas sobre el Trato Indigno, organizadas por el comité para la Prevención y el Tratamiento de la Depresión (PTD) con la colaboración de Novartis Neuroscience.

"Los expertos buscan un consenso que establezca los factores sociales que propician el trato indigno, los rasgos de personalidad y estilos de vida proclives a configurar la personalidad del maltratador, y la relación causal entre trato indigno y enfermedad mental”, explica el doctor Antonio Medina, catedrático de Psicología Médica y Psiquiatría de la Universidad de Córdoba.

Según este experto, "trato indigno es todo intento de anular la capacidad humana de autodesarrollo y perfeccionamiento de la autoidentidad. Los elementos que frecuentemente subyacen en ese intento de destrucción son el sexo femenino, la raza y la religión distintas de las mayoritarias, la edad y el trabajo".

Para el doctor Julio Bobes, catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Oviedo existen rasgos de personalidad proclives a padecer trato indigno: "Por un lado, está la víctima que tiene mayor vulnerabilidad o sensibilidad ante las situaciones de estrés general y/o es más receptiva a sentirse herida por la indignidad del trato, y tiene poca disponibilidad para responder personal y socialmente a la agresión”.

Por otro parte, “está el maltratador, cuyo perfil responde a una inflación de narcisismo, quien al estar pendiente de una autoimagen enfermizamente sobrevalorada, estima que las personas objeto de acoso pueden suponer una fuente de amenaza, lo que desencadena la violencia del acoso", según Bobes.

La cara oscura del narcisismo

Para algunos especialistas, la denominada “personalidad narcisista” se explica sobre la base de una carencia emocional temprana producida por una madre emocionalmente fría o indiferente o con una agresividad encubierta hacia el hijo.

La sensación de ser único, importante y diferente de los demás, por alguna razón hace que el narcisista busque en los demás el reflejo o espejo de su sobrevaloración, que es el reverso de un vacío personal que pretende compensar con esa actitud.

"La persona que es objeto de comportamientos perversos por parte de un maltratador o varios, desarrolla una serie de problemas físicos que se originan en el daño que le causan los ataques que recibe periódica y sistemáticamente", según el doctor Bobes.

Para este psiquiatra, "los trastornos de ansiedad, depresivos y de estrés agudo y crónico son las principales consecuencias de sufrir trato indigno”. Además, numerosas investigaciones relacionan el mantenimiento de un estrés continuo con la aparición de síntomas fatiga crónica, enfermedades de la piel, cefaleas tensionales, dolores de espalda, palpitaciones ó hipertensión arterial.

"El simple hecho de acercarse a la víctima y manifestarle que puede contar con nuestro apoyo y solidaridad, suele tener un enorme impacto y suponer una enorme mejora en sus síntomas de estrés", señala el doctor Bobes.

Según las Naciones Unidas, una de cada tres mujeres en el mundo ha padecido malos tratos o abusos. En Estados Unidos, se calcula que un 22 por ciento de las mujeres experimenta al menos una agresión física de su pareja durante la edad adulta, y en la Unión Europea una de cada cinco mujeres experimenta algún maltrato físico, alguna vez en su vida, por parte de su pareja.

Según estos expertos, "las mujeres son más proclives a sufrir trato indigno por razones históricas de dominación del sexo masculino y determinadas capas sociales son todavía muy dependientes".

Otra forma de trato indigno muy en boga, es el “mobbing”: una forma de acoso en el trabajo en el que una persona o grupo de personas se comportan abusivamente con palabras, gestos u otros modos que atentan contra los empleados, degradando el clima laboral.

Daño en la mente y el cuerpo

La sintomatología de las víctimas de acoso moral suelen ser el estrés y la ansiedad, cuando el problema es reciente, mientras que si el acoso persevera van desde la depresión hasta los trastornos psicosomáticos: adelgazamiento u obesidad, problemas digestivos, endocrinos, vértigos, hipertensión arterial.

Pasado un tiempo de acoso moral, los síntomas de estrés se transforman en un trastorno físico, dejando secuelas que pueden ir desde el estrés post-traumático hasta una vivencia de vergüenza recurrente o cambios duraderos del estado de ánimo.

Otros efectos del “mobbing” son la sensación de desilusión, humillación y pérdida de sentido de la vida, e incluso la destrucción de la identidad y cambio del carácter de la persona, con rasgos paranoicos. En España, las conductas de acoso moral causan una media de 138 días de baja laboral por persona.

Para algunos expertos, habría que considerar legalmente como accidentes de trabajo las enfermedades padecidas por el trabajador cuando son una consecuencia del sufrimiento de este tipo de conductas; y también se evitaría la reticencia de los facultativos a estimarlas como tal, precisamente por la carencia de una definición legal del ”mobbing".

Fuente: http://www.univision.com

1 comentario:

Sal Troccoli dijo...

Encontre mucho interes en vuestra pagina, mis aplausos desde lejos.

http://elsiglodesomerton.blogspot.com/

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